Alexander Fleming Nacido el 6 de agosto de 1881 en la granja de Lochfield, cerca de Darvel, en Ayshire, Escocia. Fue un médico y bacteriólogo británico que dedico su vida a la investigación y alcanzó la fama por ser el descubridor de la penicilina, antibiótico cuyo descubrimiento se produjo al observar el efecto inhibidor que producía un hongo sobre un cultivo bacteriano.

Alexander Fleming fue el tercero de los cuatro hijos del granjero Hugh Fleming y Grace Stirling Morton. Su padre había tenido cuatro hijos de un matrimonio anterior. Tenía 59 años cuando se casó por segunda vez con Grace y murió cuando Alexander, hijo de este nuevo matrimonio, tenía siete años. 

Fleming era católico. Asistió a la Loudon Moor School y a la Darvel School, y obtuvo una beca de dos años en la Kilmarnock Academy antes de trasladarse a Londres, donde asistió a la Royal Polytechnic Institution. 

Tras trabajar durante cuatro años en una oficina de envíos, a los veinte años Alexander Fleming heredó algo de dinero de un tío, John Fleming.

Fleming fue soldado raso de la Fuerza de Voluntarios del Regimiento Escocés de Londres entre 1900 y 1914. Su hermano mayor, Tom, ya era médico y le sugirió que siguiera la misma carrera. Por ello, en 1903 se matriculó en la Escuela de Medicina del Hospital St. Mary, en Paddington, donde obtuvo el título de médico en 1906, con calificación distinguida. 

Fue miembro del club de tiro de la facultad de medicina. Por este motivo, el capitán del club, deseoso de retenerlo en el equipo, le sugirió que se uniera al Departamento de Investigación de St. Mary's, donde trabajó como asistente del bacteriólogo Sir Almroth Wright, pionero en la terapia con vacunas y en inmunología. En 1908 obtuvo el título de bacteriólogo con medalla de oro y fue profesor en St. Mary's hasta 1914.

Comisionado como teniente en 1914 y ascendido a capitán en 1917, Fleming sirvió durante toda la Primera Guerra Mundial en el Cuerpo Médico del Ejército Real, junto con muchos de sus colegas, en hospitales de campaña del frente occidental, en Francia. 

En 1918, regresó al St. Mary's Hospital, donde en 1928 fue elegido Profesor de Bacteriología de la Universidad de Londres. En 1951, fue elegido rector de la Universidad de Edimburgo por un mandato de tres años. 

Descubrimientos

Los dos descubrimientos de Alexander Fleming ocurrieron en los años veinte y, aunque fueron accidentales, demuestran su gran capacidad de observación e intuición científica. 

Descubrió la lisozima, al observar que, mucosidades, procedentes de un estornudo, cayeran sobre una placa de Petri, en la que crecía un cultivo bacteriano. Unos días más tarde, notó que las bacterias habían sido destruidas en el lugar donde se había depositado el fluido nasal.

El laboratorio de Fleming estaba habitualmente desordenado, lo que resultó una ventaja para su descubrimiento. En septiembre de 1928, Fleming se tomó dos semanas de vacaciones y no se molestó en limpiar su lugar de trabajo antes de irse, y placas de vidrio y placas de Petri sembradas de bacterias estaban por todas partes. 

Al volver de sus vacaciones, Fleming observó un moho verde grisáceo y algodonoso en algunas placas. Le pareció repugnante incluso a él, así que decidió tirarlas. Pero antes de hacerlo, se percató de algo, había crecido espontáneamente una colonia de hongos, como contaminante, en una de las placas de Petri sembradas con Staphylococcus aureus. 

El área sembrada con dicha bacteria se mostraba salpicada de colonias. Pequeños círculos de desarrollo bacteriano estaban distribuidos por toda la placa, excepto cerca del grumo de moho, desarrollado espontáneamente como consecuencia de una contaminación ambiental. Allí no había bacterias. Todas habían muerto. 

Fleming se dio cuenta de que el moho debía estar produciendo una sustancia que mataba las bacterias y, de ser así, se trataría de un descubrimiento de gran importancia. 

En ese entonces, los médicos no tenían tratamientos para la mayoría de las infecciones. Si una persona contraía neumonía, fiebre reumática o gonorrea, su organismo debía combatir la enfermedad y, dependiendo de sus defensas naturales y de su estado nutricional, el paciente podía curarse o morir. Incluso las heridas más pequeñas podían convertirse en situaciones potencialmente mortales. 

Fleming observó más detenidamente las placas y comprobó que las colonias bacterianas que se encontraban alrededor del hongo, que más tarde sería identificado como Penicillum notatum, eran transparentes debido a una lisis bacteriana. Por ello, la sustancia que secretaba fue denominada penicilina.

Aunque Fleming reconoció inmediatamente la trascendencia de este hallazgo, sus colegas se mostraron escépticos y, recordando lo sucedido con Semmelweis, lo subestimaron. La comunidad científica consideró que la penicilina solo sería útil para tratar infecciones leves y, por ello, no le prestó suficiente atención.

No obstante, Fleming comunicó su descubrimiento sobre la penicilina en el British Journal of Experimental Pathology en 1929 y continuó trabajando con el hongo durante un tiempo. 

A ello se sumó otro inconveniente: en ese momento, extraer la molécula del principio activo antiinfeccioso producido por el hongo para fabricar un medicamento era un procedimiento para el cual no se contaba con la tecnología necesaria. La penicilina podría haber seguido en el olvido de no ser por un bioquímico anglo-australiano llamado Howard Florey.

Florey trabajaba en un laboratorio hospitalario y conocía, desde 1938, el artículo de Fleming. La idea de investigar el moho encontrado y otros posibles hongos le entusiasmaba, ya que, debido a su trabajo, veía morir a diario a personas a causa de infecciones. Estaba decidido a investigar y contaba con algunas cualidades cruciales que no suelen encontrarse en los científicos. 

En primer lugar, era un experto en gestión administrativa. Sabía cómo conseguir subvenciones y lidiar con científicos difíciles. Además, tenía habilidad para encontrar pistas sobre cómo combatir las infecciones. Hojeaba con frecuencia montañas de revistas médicas polvorientas en busca de cualquier información que pudiera ser útil. 

Florey inició su labor convocando a un bioquímico alemán de su laboratorio, Ernst Chain, y le pidió que consiguiera moho de Penicillium y encontrara la molécula de penicilina. 

Según los testimonios, nadie podía negar la habilidad Chain en el laboratorio, y su trabajo prosperó bajo la dirección de Florey.

Chain comenzó a producir el llamado “jugo de moho”. Cultivaba moho algodonoso en una placa de Petri y lo inundaba con agua para extraer las diversas sustancias químicas que producía. Mas tarde, trataba el jugo químicamente, para aislar la molécula que buscaba. Luego de procesar litros y litros de jugo de moho, apenas obtuvo miligramos de penicilina, cantidad que bastó para probar el fármaco. 

En el verano de 1940, Florey y Chain infectaron cincuenta ratones con la mortal bacteria estreptocócica. La mitad no recibió tratamiento y murió. La otra mitad recibió penicilina y sobrevivió. Hoy en día, en farmacología, sería excepcional obtener resultados tan favorables. Una mejoría del 10 % en ciertas enfermedades podría significar un fármaco extraordinario, y la penicilina ofrecía resultados muy superiores. 

Solo había un problema. Los ratones eran diminutos y tratarlos había requerido meses de trabajo. Aislar una cantidad suficiente de penicilina para tratar a un ser humano requeriría aún más esfuerzo. 

Pero Florey estaba decidido. Empezó a cultivar grandes cantidades de moho y a almacenar el jugo extraído en cualquier recipiente que encontrara: botellas, cubos y orinales. El laboratorio empezó a procesar 500 litros de jugo por semana. Unos meses después, habían producido una cantidad de penicilina suficiente para tratar a una persona. Entonces, se presentó un caso adecuado para poner a prueba el tratamiento.

El caso involucraba a un policía de 48 años llamado Albert Alexander. Los fines de semana, a Alexander le gustaba cuidar su rosal y, un día, se raspó la mejilla con una espina. Ya le había ocurrido una docena de veces. 

Pero esta vez, el rasguño se infectó con bacterias agresivas. Alexander ingresó en el hospital, pero la infección se extendió al cuero cabelludo. Luego se propagó a los pulmones y al hombro. Le aparecieron forúnculos llenos de pus en los ojos. Perdió un ojo por completo. Sus médicos presenciaron todo esto, sin poder intervenir eficazmente.

Florey y Chain se enteraron del caso de Alexander y pidieron permiso para probar la penicilina en él. Los médicos de Alexander accedieron. Por lo tanto, en febrero de 1941, administraron 160 miligramos de penicilina durante cinco días y luego observaron su evolución. 

Los resultados fueron extraordinarios. El sistema inmunológico de Alexander, perfeccionado por mil millones de años de evolución, había sido derrotado por la infección. Todos los medicamentos disponibles en el hospital habían resultado ineficaces. Pero el jugo de moho logró eliminar casi por completo la infección del organismo de Alexander. 

Sin embargo, tras cinco inyecciones, a Florey se le acabó la penicilina. La infección reapareció con fuerza. El laboratorio de Florey se apresuró a producir más, pero no logró hacerlo con la suficiente rapidez. En una semana, Alexander murió como consecuencia de la infección provocada por el rasguño de una rosa. 

Este triste caso puso de manifiesto la efectividad de la penicilina. A pesar de los resultados extraordinarios, era prácticamente imposible producirla en grandes cantidades. La situación parecía aún más acuciante debido a lo que sucedía en el frente durante la Segunda Guerra Mundial, donde las infecciones bacterianas constituían una grave amenaza para los soldados aliados, casi tanto como los nazis. 

Cuando se piensa en las muertes en la guerra, es normal imaginar a personas alcanzadas por las balas. Pero es muy probable que muchos soldados murieran a causa de enfermedades en sus insalubres campamentos o trincheras. 

Las infecciones menos letales también causaron problemas, dado que los soldados eran jóvenes y, en muchos casos, imprudentes, por lo que contraían enfermedades de transmisión sexual. Las denominadas inspecciones llamadas de “brazos cortos” eran una práctica habitual en la vida militar durante la Segunda Guerra Mundial. 

Los médicos estimaron que los aliados perderían millones de horas de servicio militar debido a las enfermedades de transmisión sexual. Los médicos militares tuvieron que encontrar una manera eficaz de combatir estas infecciones. 

Howard Florey sabía que la penicilina podía lograrlo si tan solo pudieran producirla en cantidad suficiente. Suplicó a los líderes británicos que lo ayudaran. Pero la industria británica estaba demasiado agobiada por la lucha contra los nazis en 1941. Por ello, pusieron a Florey en contacto con científicos de Estados Unidos, concretamente en Peoria, Illinois.

Peoria albergaba un laboratorio del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos. Florey lo visitó en el verano de 1941 y expuso los efectos logrados con la experiencia realizada con la penicilina. Si bien esta podía detener la mayoría de las infecciones, la cepa de moho que utilizaban no producía suficiente penicilina. Necesitaban una cepa que la produjera en abundancia. 

Los científicos de Peoria aceptaron hacerse cargo de la investigación sobre la penicilina y encontrar una cepa de moho más productiva. Comenzaron a escribir a colegas de todo el mundo, solicitando muestras de moho. Estaban decididos a buscar el mejor Penicillium posible en todo el mundo.

Pero no necesitaban esforzarse tanto. Pasaron algunos años hasta que el mejor moho que pudieron encontrar apareció allí mismo, en Peoria. Fue descubierto por una de sus propias científicas, Mary Hunt, quien había nacido en Europa del Este y emigrado a Chicago a los tres años junto con sus padres. Estudió enfermería y salud pública en la universidad y luego se especializó en bacteriología, convirtiéndose en una científica con una particular capacidad para identificar mohos. 

Mary Hunt trabajaba en el campo de la ciencia en una época en la que casi ninguna mujer lo hacía y tenía algunas habilidades excepcionales. Una de ellas era su buen ojo para detectar mohos interesantes. Mientras sus jefes le suplicaban muestras de Mongolia o de cualquier otro lugar, Hunt decidió explorar Peoria y entró en panaderías y fruterías. Fue así como Hunt terminó enfrentándose al dueño de una tienda de comestibles, John Scoutaris, por un pomelo mohoso.

La importancia de lo que aconteció radica en que la posibilidad de obtener la molécula que Fleming denominó “penicilina” despertó interés durante el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial y dio lugar a un hecho interesante en el que intervino Mary Hunt, que se relata a continuación:

En 1943, Mary Hunt se encontraba en una tienda de comestibles de Peoria, Illinois, cuyo dueño se enorgullecía de ofrecer fruta fresca y sana y encontró un pomelo mohoso, que tomó discretamente con la mano y escondió para deshacerse de él.

Pero Mary Hunt lo descubrió y exclamó, ante el horror de Scoutaris: “Espere, ¿eso está mohoso?”. Scoutaris intentó esconder el pomelo en su delantal y lo negó, pero Mary le pidió verlo. 

Scoutaris le pidió que no le diera importancia, pero ella insistió en ver el pomelo, diciendo que era una cuestión de seguridad nacional, ya que trabajaba en un laboratorio de biología del gobierno y que “Ese pomelo mohoso podría hacer ganar la guerra a los aliados”. 

En realidad, Scoutaris no podía saber en ese momento que esta disputa y su decisión de complacer a Mary Hunt, además de tener un gran impacto en la producción de fármacos antiinfecciosos, brindarían una importante ayuda a los aliados durante la guerra. 

Mary Hunt consideró que el moho podía convertirse en un arma secreta contra Alemania y Japón. ¿Por qué? Porque ese moho podía ser similar al descubierto por Fleming, que había quedado en el olvido desde su descubrimiento y que podía ser un elemento importante para detener las infecciones que se producían entre los soldados, dadas las condiciones del ambiente en el que desarrollaban sus actividades, donde se producían frecuentemente procesos infecciosos.

Los comerciantes de alimentos dependen de su reputación de limpieza, y allí estaba Hunt señalando el moho y preguntándole insistentemente si tenía otras frutas mohosas. Por ello, para alejarla, Scoutaris la condujo a la trastienda, un lugar al que no tenía acceso el público. 

Allí, le mostró una cesta y, como una arqueóloga que vislumbra un tesoro reluciente, los ojos de Mary Hunt se abrieron de par en par: en ella había docenas de frutas mohosas. Manzanas, plátanos, peras. Scoutaris se defendió explicando que esto les pasaba a todos los tenderos. No se podía eliminar el moho.

Todo aquello fue música para los oídos de Hunt. Se trataba de un verdadero tesoro: una auténtica mina de oro. Le hizo prometer a Scoutaris que guardaría toda la fruta mohosa que encontrara, dado que ello era vital para la guerra. Arriesgando su reputación, Scoutaris aceptó y apartó un melón que tenía moho y, poco después, Hunt pasó a recogerlo. 

Según los testimonios, el melón era una maravilla: jugoso y maduro. Y el moho no era grave, solo una ligera pelusa en el centro. Pero cautivó a Mary Hunt. Nunca había visto nada igual y se lo llevó rápidamente a su laboratorio para cultivarlo.

No fue fácil. Como recordó un científico, el moho Penicillium es "tan caprichoso como una cantante de ópera". Pero Hunt era experta y logró injertar la preciada pelusa en un plato rico en nutrientes para cultivarla. Curiosamente, después Hunt cortó el melón y les sirvió el almuerzo a sus colegas. Todos coincidieron en que estaba delicioso.

Si a través del trabajo realizado por Hunt se podía verificar la presencia de Penicillum notatum en el moho del melón y extraer de él uno de los fármacos más importantes de la historia, la penicilina, el descubrimiento había sido realizado por Fleming en el año 1928, y luego quedó prácticamente en el olvido, debido, en parte, a que era un pésimo orador y no supo exponer adecuadamente su trabajo en una presentación. 

Así que, cuando publicó un artículo algún tiempo después, los científicos de su época no le dieron importancia, por lo que su descubrimiento quedó en el olvido durante una década, sin que en ese tiempo se desarrollara ningún tratamiento. 

Ahora, aquella pequeña mota de moho observada por Mary Hunt creció hasta convertirse en césped, del que extrajeron su jugo. Y, por alguna razón, la pelusa de aquel melón produjo 200 veces más penicilina que el moho original de Fleming. Esta cifra fue revolucionaria: 200 veces más medicamento. 200 veces más milagro. El laboratorio de Peoria empleó entonces diversos trucos para aumentar aún más la producción, aunque solo ligeramente. 

Los químicos Ernst Boris Chain y Howard Walter Florey desarrollaron en Inglaterra un método de purificación de la penicilina que permitió su producción y distribución comercial. Sin embargo, este país tenía la totalidad de sus infraestructuras industriales dedicadas a las necesidades de la guerra. 

Por este motivo, ambos investigadores acudieron a Estados Unidos para poner en marcha plantas de producción dedicadas exclusivamente a la penicilina. A partir de entonces, los antibióticos que se fueron descubriendo fueron probados utilizando métodos similares al empleado por Fleming. 

En poco tiempo, la producción de penicilina se convirtió en una industria. En 1941, Ernst Chain trabajó durante meses para producir cinco dosis de penicilina. Para 1945, el moho de Hunt producía 600 mil millones de dosis por mes. 

Las muertes por infecciones se desplomaron en las fuerzas armadas. Por ejemplo, la neumonía bacteriana causó la muerte de uno de cada cinco soldados infectados en la Primera Guerra Mundial. En la Segunda Guerra Mundial, la cifra fue de uno de cada cien. 

Si bien solemos pensar en el radar o las bombas atómicas como factores decisivos para ganar la Segunda Guerra Mundial, la penicilina fue, sin duda, un factor determinante. 

Los civiles también se beneficiaron. La penicilina ha salvado millones de vidas en todo el mundo y ha evitado innumerables casos de enfermedades dolorosas y desfigurantes. No es exagerado decir que se trata de uno de los medicamentos más importante de la historia. Y todo comenzó con un melón mohoso y una mujer que no aceptaba un no por respuesta.

Hunt dirigió un laboratorio en Long Island antes de retirarse a Arizona, donde falleció en 1991. Entonces, ¿Por qué nadie conoce hoy a Mary Hunt?  En realidad, debería reconocerse que, si bien Alexander Fleming fue quien identificó el hongo productor de este importante antibiótico, Mary Hunt fue quien contribuyó decididamente a ponerlo en valor a escala mundial. 

Las habilidades burocráticas y la tenacidad de Florey, así como la dedicación de Ernst Chain, también deben ser reconocidas. 

Fleming se hizo famoso, y Chain y Florey compartieron con él el Premio Nobel en 1945. Mary Hunt no fue nominada ni siquiera mencionada por sus colegas. De hecho, años después, los responsables del laboratorio de Peoria no recordaban su apellido. Solo recordaban a una mujer a la que llamaban "Mary la Mohosa". Esto no es más que una muestra clara del trato que recibían las mujeres que trabajaban en la ciencia en aquella época. 

Evidentemente, "María la Mohosa" no es el apodo más halagador. Pero a Hunt no le importaba. Hunt tenía una perspectiva diferente sobre los microbios. Para ella, no eran asquerosos ni desagradables, sino una parte vital de la naturaleza e incluso algo que podía aprovecharse para nuestro propio beneficio. 

Fleming no patentó su descubrimiento porque consideraba que así facilitaría la difusión de un antibiótico necesario para tratar las numerosas infecciones que afectaban a la población y compartió, como se ha dicho, el Premio Nobel de Fisiología y Medicina en 1945 con los investigadores mencionados.  

Fleming fue miembro del Chelsea Arts Club, un club privado para artistas fundado en 1891 por sugerencia del pintor James Mc Neil Whistler. Fleming fue admitido en el club después de realizar “pinturas con gérmenes”, que consistían en pincelar el lienzo con bacterias pigmentadas, que eran invisibles mientras pintaba, pero adquirían intensos colores una vez que las bacterias habían crecido durante la incubación del lienzo. 

Mientras se encontraba de viaje por España, en 1948, su esposa enfermó de la enfermedad que acabaría con su vida meses después. Fleming continuó su trabajo en el Instituto St. Mary, que dirigía desde 1946. Allí conoció a la doctora Voureka, con quien contrajo matrimonio en 1953. 

Alexander Fleming murió en Londres en 1955, como consecuencia de un ataque cardíaco. Fue enterrado como héroe nacional en la cripta de la Catedral de San Pablo de Londres.

Su descubrimiento de la penicilina significó un cambio drástico para la medicina moderna e inició la llamada “era de los antibióticos”. Posteriormente, otros investigadores aportaron nuevos antibióticos, como la estreptomicina, utilizada para el tratamiento de la tuberculosis, que contribuyó a salvar millones de vidas. 

El aporte científico de Fleming es doble, dado que, además de descubrir una molécula química, también encontró, como se ha indicado, una molécula enzimática como la lisozima, que presenta actividad antimicrobiana y forma parte de los componentes naturales de la inmunidad innata de los animales, los cuales podrían utilizarse con fines terapéuticos similares a los de la penicilina. 

Por esta razón, Fleming puede ser considerado uno de los primeros científicos en descubrir una enzima con actividad antimicrobiana. 

Premios y reconocimientos

Títulos y nombramientos

  • En 1944, fue nombrado (Sir) por el rey Jorge VI. 
  • En 1944, fue nombrado Knight Bachelor, también por el rey Jorge VI. 
  • En 1945, recibió el premio Nobel de Fisiología o Medicina, que compartió con Howard Florey y Ernst Chain.
  • En 1951, fue nombrado rector de la Universidad de Edimburgo.
  • Fue miembro de la Pontificia Academia de las Ciencias, en el Vaticano.
  • Fue miembro de la Royal Society del Reino Unido, 
  • Fue miembro del Royal College of Surgeons of England.
  • En 1999, la revista Time lo incluyó entre las cien personas más importantes del siglo XX. 

Condecoraciones

  • En 1948, le fue otorgada la Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio, en   España.
  • Le fue otorgada la Gran Cruz de la Legión de Honor de la República Francesa. 
  • Le fue otorgada la Medalla al Mérito, condecoración civil concedida por el presidente de Estados Unidos. 
  • Le fue otorgada la Gran Cruz de la Orden de Fénix de Grecia. 

Además de estos reconocimientos, es de destacar que el descubrimiento de la penicilina por parte de Fleming cambió la medicina moderna al introducir la era de los antibióticos. La penicilina ha salvado y continúa salvando a millones de personas en todo el mundo. 

El laboratorio del Hospital St. Mary's, donde Fleming descubrió la penicilina, alberga el Museo Fleming, una popular atracción de Londres. Su alma mater, la Escuela de Medicina del Hospital St. Mary's, se fusionó con el Imperial College London en 1988. 

En 1998, se inauguró el Edificio Sir Alexander Fleming en el campus de South Kensington, donde su hijo Robert y su bisnieta Claire, fueron presentados a la reina. Actualmente, este edificio es uno de los principales lugares de enseñanza preclínica de la Escuela de Medicina del Imperial College.

Su otra alma mater, la Royal Polytechnic Institution, actualmente Universidad de Westminster, bautizó una de sus residencias estudiantiless con el nombre de Alexander Fleming House, ubicada cerca de Old Street. 

La importancia de su trabajo fue reconocida con la colocación de una placa conmemorativa como International Historic Chemical Landmark, en el Alexander Fleming Laboratory Museum de Londres, el 19 de noviembre de 1999.

  • Cuando se acercaba el año 2000, al menos tres grandes revistas suecas calificaron la penicilina como el descubrimiento más importante del milenio.
  • En 2002, Fleming fue nombrado en la lista de la BBC de los 100 británicos más importantes, tras una votación a nivel nacional. 
  • Una estatua de Alexander Fleming se encuentra frente a la principal plaza de toros de Madrid, erigida por suscripción de los matadores, quienes estaban agradecidos, ya que la penicilina redujo en gran medida el número de muertes entre los matadores en las plazas de toros. 
  • Flemingovo náměstí es una plaza que lleva el nombre de Fleming, situada en la zona universitaria de Dejvice, en Praga.  
  • Una escuela secundaria lleva su nombre en Sofía, Bulgaria.
  • En Atenas, Grecia, una pequeña plaza en el distrito céntrico de Votanikos lleva el nombre de Fleming y cuenta con un busto en su honor. También hay varias calles en el centro de Atenas y otras ciudades de Grecia que llevan el nombre de Fleming o de su segunda esposa griega, Amalia.
  • A mediados de 2009, Fleming fue conmemorado en una nueva serie de Billetes de la libra esterlina emitidos por el Clydesdale Bank, en la que aparecía su imagen en los nuevos billetes de 5 libras esterlinas. 
  • En 2009, Fleming fue votado como el tercer mejor escocés en una encuesta de opinión realizada por el canal de televisión STV, solo por detrás del poeta nacional de Escocia, Robert Burns, y el héroe nacional Williams Wallace.
  • La estación Fleming, de la red de Metro de Salónica, toma su nombre de la calle Fleming, donde se encuentra ubicada.
  • El Colegio Sir Alexander Fleming es un colegio británico ubicado en Trujillo, al norte del Perú. 

Eponimia

  • El cráter lunar Fleming lleva ese nombre en su memoria, un honor que comparte con la astrónoma estadounidense Williamina Fleming, quien tenía el mismo apellido.
  • Un asteroide del cinturón de asteroides lleva el nombre de Fleming.