Dominique-Jean Larrey, o Barón Larrey, nació en Baudéan el 8 de julio de 1766, un pequeño pueblo de los Pirineos, en el sur de Francia. Fue un médico cirujano que, durante las guerras napoleónicas, creó el transporte por ambulancia e introdujo los principios de la sanidad militar.

Quedó huérfano a corta edad, tras la muerte de su padre, y fue educado por el sacerdote de la parroquia, Abbot Grasset, quien, reconociendo en el muchacho grandes aptitudes, le instruyó durante diez años en disciplinas diversas, incluyendo el latín y el francés.

Con antecedentes familiares en la cirugía, dado que su abuelo había sido cirujano barbero en Tarbes y su tío ejercía la cirugía en Toulouse, decidió iniciar los estudios en esta disciplina. Por tal motivo, en 1780, a la edad de 13 años, viajó a pie durante cinco días hasta Toulouse para reunirse con su tío, Alexis Larrey, cirujano Jefe del Hospital Saint-Joseph de la Grave, en dicha ciudad.

Estudió en la Escuela de Cirugía, donde, en 1786, obtuvo el primer premio de la sociedad Saint-Joseph de La Grave, que le otorgó la titulación de Professeur élève. Su tesis versó sobre las caries, por la que obtuvo como distinción la médaille de vermeil aux armes de la ciudad de Toulouse. En la misma época, se afilió a la logia masónica de los Écossais fidèles.

En 1787, viajó a París para consolidar sus conocimientos de cirugía con el prestigioso cirujano Pierre Joseph Desault, en el Hospital Hôtel Dieu.

En un primer momento, aceptó un puesto de cirujano en la Armada Francesa, siendo destinado a la fragata La Vigilante, encargada de patrullar las costas de Terranova. Sin embargo, sus continuos mareos, conocidos como mal de mer, le hicieron desistir y abandona la Armada.

Tras su fracaso como médico naval, vuelve a París para ejercer como cirujano ayudante en el Servicio de Desault del Hôtel-Dieu y, posteriormente, en el Hospital los Inválidos, con otro prestigioso cirujano, Raphael Bienvenu Sabatier.

Participó activamente en los movimientos de la revolución francesa y, en 1792, se casó con Charlotte Elizabeth, hija del ministro de finanzas, René Laroux.

En 1792, con el estallido de la guerra franco-austríaca, se incorporó como médico de oficiales en el ejército del Rin. Atónito ante la obsoleta organización sanitaria militar, propuso una innovación estratégica que, de hecho, representó la concepción de la sanidad militar moderna.

Hasta entonces, los soldados heridos en combate permanecían en el campo de batalla hasta la finalización del enfrentamiento, a veces hasta 24 horas después del inicio de las hostilidades. Sólo entonces los heridos eran evacuados al hospital de campaña que, según las ordenanzas, debía situarse a unos cinco kilómetros del campo de batalla.

Larrey observó que ese procedimiento producía que la mayor parte de los heridos fallecieran antes de recibir ayuda. Todo ello, contando con que los soldados tuvieran la suerte de pertenecer al bando victorioso. En caso contrario, los heridos eran abandonados o rematados en el mismo campo de batalla.

Larrey inauguró nuevas prácticas quirúrgicas y los resultados de una escaramuza en Limburgo fueron el detonante para que solicitara permiso para la creación de un servicio de ambulancias, compuesto por equipos formados por un médico, un oficial de intendencia, un suboficial, 24 soldados y un tambor encargado de llevar el material de vendaje.

Junto con el personal, el servicio se complementaba con 12 camillas ligeras, 4 pesadas y una carreta, diseñada especialmente por Larrey y denominada ambulance volante, que combinaba la rapidez, seguridad y la comodidad. Consistía en una cámara cerrada unida, por medio de ballestas, a un carro ligero de dos ruedas, tirado por dos caballos.

Las pistoleras de las sillas de montar fueron transformadas en bolsas para transportar material sanitario. Su propuesta consistía en seguir la vanguardia del ejército, asistir "in situ" a las víctimas y trasladarlas al hospital de campaña.

Las ambulancias volantes tuvieron su bautismo de fuego en la batalla de Landau, en cuyo transcurso Larrey fue herido en una pierna, pese a lo cual continuó operando. El éxito fue total y, en 1793, Larrey fue destinado a París con el fin de organizar un servicio de ambulancias volantes para todo el ejército.

Nombrado cirujano en jefe del Ejército de Oriente, se construyeron 24 ambulancias por cada división del Ejército de Oriente, las cuales partieron el 10 de febrero de 1799 hacia la campaña de Siria. En esa campaña, inventó un sistema de ambulancias a lomo de dromedarios, equipados con cestos de hojas de palmera suspendidos a cada lado de la joroba mediante correas elásticas. Estos cestos sostenían a los heridos sobre un colchón y mantenían inmovilizados los brazos y las piernas en una tabla basculante.

Tuvo una destacada labor como cirujano, llegando a suturar la lengua de un oficial gravemente herido y lograr que fuera alimentado primero por sonda y, posteriormente, con biberón.

Contrariamente a las recomendaciones de Ambroise Paré, seguidas por los cirujanos durante más de dos siglos, Larrey cerró heridas torácicas acompañadas de hemorragia. El éxito de este método le abrió las puertas de los manuales de medicina.

En El Cairo, dio un curso de cirugía e ingresó en el instituto de Egipto el 4 de julio de 1799 y, como cirujano en jefe, fue uno de los últimos miembros de esa institución en abandonar Egipto el 27 de octubre de 1801, acompañando al general Jacques François de Boussay, barón de Menou, a quien curó de la peste durante la travesía en barco de regreso a Francia. Dos años más tarde publicó Relation historique de l’expédition de l’armée d’Orient en Égypte et en Syrie.

Su relación con Napoleón

Larrey conoció a Napoleón en Toulon, en 1794, cuando fue destinado como cirujano en Jefe del ejército encargado de recuperar Córcega de manos de los ingleses, mientras que Napoleón era un prometedor comandante de artillería.

Siguió a Napoleón en todas sus campañas, desde la de Italia, en 1797 hasta la de Waterloo, en 1815, y, a lo largo de casi 18 años, Larrey participó en un total de 25 campañas, 60 grandes batallas y alrededor de 400 enfrentamientos menores.

Napoleón siempre le tuvo en gran consideración. No en vano, lo consideraba una figura clave en sus campañas, debido al efecto que la nueva organización para la evacuación de los heridos ejercía sobre la moral de las tropas.

Tras las campañas de Córcega, España y Oriente, Larrey regresó a Francia y recibió de Napoleón el título de barón, además del nombramiento como cirujano honorario de los Chasseurs de la Garde, cuerpo que constituía la guardia personal del Emperador.

Fue citado por Napoleón en su testamento de Santa Elena con estas palabras: “Al cirujano del ejército francés, barón Larrey, dejo la suma de cien mil francos. Es el hombre más virtuoso que he conocido. Ha dejado en mi espíritu la idea de un verdadero hombre de bien”.

Reconocimiento de soldados y militares

Larrey gozó de una extraordinaria popularidad entre los soldados, quienes lo llamaban “la Providencia del soldado”, sobrenombre que recibió durante la campaña de Egipto.

Estableció un orden de prioridad en la asistencia a los heridos, independiente del rango que ostentaran e, incluso, del ejército al que pertenecieran. En numerosas ocasiones atendió a combatientes enemigos heridos, ganándose también entre ellos el reconocimiento de su abnegación.

Durante la decisiva batalla de Waterloo, el duque de Wellington quedó sorprendido al ver una ambulancia francesa muy próxima a la vanguardia del ejército británico. Cuando le informaron que el cirujano que atendía a los heridos era el propio Larrey, el duque, conocedor de su prestigio, se quitó el bicornio y lo saludó con estas palabras: “Yo saludo el honor y la lealtad de tal doctor”.

Acto seguido, ordenó redirigir la línea de fuego para salvaguardar al cirujano y su ambulancia. Esta consideración le salvó la vida al final de la batalla.

En una de las batallas en las que intervino, fue apresado por los prusianos y condenado a morir fusilado, pero escapó de esa sentencia, debido a la intercesión de un médico alemán que había sido alumno suyo y que le reconoció, ante el mariscal Gebhard Leberecht von Blücher, comandante en jefe del ejército prusiano.

Conducido ante la presencia de Blücher, este le agradeció profundamente haber salvado la vida de su hijo, quien había resultado herido y había sido capturado por los franceses durante una campaña anterior en Austria. En reconocimiento por ese gesto, le ofreció alimentos, dinero y un salvoconducto para viajar a territorio neutral.

Actividad posterior

Después de las guerras napoleónicas, prosiguió su actividad como cirujano en Francia y fue nombrado cirujano jefe del Hospital de los Inválidos en 1838.

Murió en Lyon el 25 de julio de 1842, a la edad de 76 años. Había viajado a Argelia junto con su hijo Hippolyte para inspeccionar los hospitales militares, cuando emprendió un precipitado viaje de regreso al conocer que su esposa se encontraba gravemente enferma.

Durante el viaje contrajo una neumonía que le causó la muerte apenas 24 horas después de su llegada, poco después del fallecimiento de su esposa.

Larrey había manifestado su deseo de ser enterrado en Les Invalides, junto a sus soldados. Sin embargo, este deseo no fue respetado debido a la oposición del ministro de Guerra, Nicolás Jean-de-Dieu Soult.

Soult había mantenido un fuerte enfrentamiento con Larrey, quien le había desautorizado ante Napoleón a raíz de las acusaciones sobre las supuestas automutilaciones de algunos soldados. Soult nunca le perdonó aquella afrenta pública. Como simple cirujano, a Larrey se le negó el descanso junto a los mariscales, generales y soldados sepultados en Les Invalides.

Fue enterrado en el cementerio de Père-Lanchaise, mientras que su corazón y sus vísceras fueron separados y depositados en una cámara acorazada de la capilla del Hospital Militar de Val-de-Grâce, en París.

Felizmente, la voluntad de Larrey fue finalmente respetada el 15 de diciembre de 1992, cuando sus restos fueron trasladados al Hôtel des invalides, gracias a la intervención de la Sociedad Francesa de Historia de la Medicina.

Aporte a la literatura médica

Su contribución a la literatura médica se plasmó principalmente en las obras Mémoires de chirurgie militaire, en cuatro volúmenes; Recueil de mémoires de chirurgie y Clinique chirurgicale, esta última un compendio de casi cuarenta años de experiencia en el ejercicio de la cirugía militar.

Como cirujano militar adquirió una notable habilidad para realizar amputaciones rápidas y precisas. Era capaz de practicar una amputación en menos de cinco minutos. Debe tenerse en cuenta que en aquella época anestesia y que el dolor sólo podía aliviarse mediante la ingesta de bebidas alcohólicas.

Se dice que, durante la desastrosa campaña de Rusia, en las 24 horas posteriores a la batalla de Borondinó, realizó más de 200 amputaciones y que, en la batalla de Berezina, practicó otras 234. Consideraba de fundamental importancia efectuar una amputación precoz de las extremidades gravemente lesionadas para evitar las complicaciones derivadas de la gangrena y el tétanos.

Se conoce como "amputación de Larrey" el procedimiento consistente en la realización de un cono de base externa y vértice interno, con el área de corte a tres niveles: piel, músculo y hueso.

Asimismo, describió una técnica de desarticulación del hombro, conocida como “procedimiento de Larrey”, que consiste en una incisión que se extiende desde el acromion a lo largo del brazo, aproximadamente 10 centímetros, y desde ese punto rodea el brazo hasta alcanzar el centro de la axila.

Realizó también importantes observaciones sobre los mecanismos de la hemostasia, así como sobre los procedimientos de drenaje del empiema, del hemotorax y del hemopericardio, y acerca de la conveniencia de aislar a los pacientes con enfermedades infecciosas.

Describió con gran precisión las manifestaciones clínicas del tétanos, motivo por el cual esta afección también fue conocida, en algunos ámbitos, como “enfermedad de Larrey”. Asimismo, dio su nombre a un signo clínico de la sacrocoxalgia, conocido como “signo de Larrey”, que consiste en la aparición de un intenso dolor en la articulación sacroilíaca al sentarse bruscamente sobre una superficie rígida.

El trígono esternocostal izquierdo del diafragma, una pequeña zona de mayor debilidad situada en la porción anterior del músculo, adyacente a su inserción esternocostal, es conocido como “hendidura de Larrey”, debido a que fue descrito por este cirujano como una vía idónea para el drenaje del hemopericardio.

Larrey fue un cirujano polifacético y excepcional, cuya principal contribución consistió en organizar la rápida evacuación de los heridos mediante la introducción de un sistema ágil de transporte en ambulancias y la aplicación de los primeros sistemas de triaje de la historia.

Renovó por completo la sanidad militar. Su nueva concepción de la asistencia a los heridos de guerra fue incorporada por los ejércitos de todo el mundo. Posteriormente, esos mismos principios también fueron adoptados por la medicina civil para el transporte y la atención inicial de accidentados y enfermos.