Edward Jenner nació el 17 de mayo de 1749 en la ciudad de Berkeley, Gloucestershire. Fue un médico y científico inglés, pionero en el concepto de las vacunas y descubridor de la vacuna contra la viruela que fue la primera vacuna del mundo. 

Fue el octavo hijo de Sarah Head y Stephen Jenner. Antes de nacer Edward, el matrimonio había perdido dos hijos, habiendo fallecido uno de ellos a los cinco años, dos semanas antes de su nacimiento. Se llamaba Edward y, debido a ello, llevó el mismo nombre que uno de sus hermanos, y su vida estuvo plagada de acontecimientos que vale la pena comentar.

Stephen Jenner, después de realizar sus estudios eclesiásticos, fue el vicario de la iglesia parroquial de Berkeley desde 1729. Llevaba la modesta vida de clérigo, que le permitió ofrecer a sus hijos bienestar material, brindándoles una buena educación. En este ambiente cultural, los dos hermanos mayores de Edward, Stephen y Henry, realizaron estudios eclesiásticos en Oxford. 

Edward quedó huérfano a la temprana edad de cinco años, quedando al cuidado de su tía Deborah y de su hermana mayor, Mary. Su hermano mayor, Stephen, asumió la responsabilidad de la familia Jenner y para Edward, fue su guía paternal.

Jenner vivía en un ambiente campesino en Berkeley, con una población de unos mil habitantes. Allí no encontró mejor lugar para vivir que esa localidad, a la que amaba. 

Antes de acudir a la escuela, las hermanas de Edward ya le habían enseñado las reglas básicas de matemáticas, música, leer y escribir. Con estos conocimientos básicos ingresó a la escuela de gramática de Wolton-under-Edge, donde recibió clases de latín y griego, pero al joven Edward lo que más le apasionaba era dar largos paseos por las colinas y bosques, y observar y aprender de la naturaleza, a la que amaba, al igual que a la música.

Era también llamado el “sabio-poeta”, debido a la pasión que sentía por escribir y manifestar sus sentimientos a través de la literatura. 

Cuando tenía ocho años, en Berkeley surgió un brote de viruela, por lo que su familia decidió que era necesario aplicarle el único método preventivo conocido hasta entonces, que consistía en la variolación, procedimiento importado a Inglaterra desde el imperio otomano.

Debido a que en ese momento se conocía que la viruela solo se padecía una vez en la vida, la mayoría de los médicos de la época recomendaban practicar la inoculación en los niños y así evitar que adquiriesen la enfermedad en su forma mortal, lo cual ocurría con mucha frecuencia en esa época.

A Edward Jenner y a sus compañeros se les realizó la inoculación, método por el cual los niños recibían un corte que provocaba el sangrado en un brazo, donde se les aplicaba el contenido purulento de la vesícula de un enfermo de viruela y, después, se cubría la herida con un vendaje limpio. 

Los que recibían la inoculación debían ser aislados, pues presentaban la enfermedad y podían transmitirla a otras personas que no la habían padecido. Dada esta circunstancia, Edward y sus compañeros fueron aíslados en un establo maloliente, con poca iluminación y sin ventilación, donde tenían que comer, dormir y hacer sus necesidades durante cuarenta días. Ello fue una experiencia terrible para estos niños, que no la olvidarían con facilidad. 

La viruela era una enfermedad que se había convertido en una terrible epidemia. Se observaba que, en pueblos y ciudades, la infección se propagaba con mayor facilidad. Debido a ello, la inoculación mediante el procedimiento de variolación, era una práctica común, pero implicaba graves riesgos, dado que se aplicaba sin estar sustentada en una base de conocimientos científicos e ignorando los principios de la antisepsia. De este modo, cada médico o farmacéutico empleaba su propio método.

Voltaire escribió que, por entonces, el 60 % de la población padecía la viruela y que el 20 % fallecía por la enfermedad.
También afirmaba que los circasianos utilizaban la inoculación desde tiempos inmemoriales, costumbre que pudo haber sido imitada por los turcos. 

Edward Jenner se formó mediante el sistema de aprendizaje clásico del siglo XVIII, iniciando sus estudios a los 14 años y comenzando su formación práctica en cirugía y farmacia con Abraham Ludlow, en Sodbury, en 1761. 

 

Luego estudió en Londres, en el Hospital St. George, desde 1770 hasta 1772, donde fue alumno interno de John Hunter, destacada figura de la medicina, lo que le permitió adquirir conocimientos avanzados en anatomía, disección y del método científico, entablando con su maestro una amistad duradera. 

 

Posteriormente, obtuvo su título de doctor en medicina en la Universidad de St. Andrews y recibió también un doctorado honorífico en medicina otorgado por la Universidad de Oxford en 1813. 

 

Tras su formación en Londres, regresó a Berkeley para ejercer como médico de familia y cirujano, donde desarrolló sus observaciones sobre la viruela bovina.

 

Su enfoque práctico y de observación, combinado con la formación quirúrgica, fue fundamental para el desarrollo de la vacuna contra la viruela en 1796 y los términos "vacuna" y "vacunación" derivan de "variolae vaccinae" (pústulas de la vaca). Estos términos fueron ideados por Jenner para denotar la viruela bovina y fueron utilizados en 1798 en el título de su publicación "Investigación sobre las Variolae vaccinae conocidas como la viruela de las vacas", en la que describió el efecto protector de la viruela bovina contra la viruela. 

En la época de Jenner, la viruela mataba alrededor del 10 % de la población mundial, con cifras que, en determinados lugares, llegaban a alcanzar el 20 %, como lo comentara Voltaire. 

En 1768, el médico inglés John Fewster se había dado cuenta de que la infección previa con la viruela vacuna hacía que una persona fuera inmune a la viruela. 

Al estudiar Jenner el hecho comúnmente conocido de que las mujeres que ordeñaban las vacas eran generalmente inmunes a la viruela, postuló que el contacto de estas mujeres durante la extracción de la leche en las vacas en el ordeñe las ponía en contacto con el pus de las ampollas de las vacas, que contenían el virus de la viruela bovina, una enfermedad similar a la viruela, pero mucho menos virulenta, y ello las protegía de la viruela. 

Sobre esa base de conocimiento, el 14 de mayo de 1796, Jenner probó su hipótesis inoculando a James Phipps, un niño de ocho años, hijo del jardinero de Jenner. 

Para obtener el inóculo, raspó el pus de las ampollas de la viruela en las manos de Sarah Nelmes, mujer que extraía la leche de las vacas, infectada de la viruela vacuna por una vaca llamada Blossom, cuya piel ahora cuelga en la pared de la biblioteca de la escuela de medicina de San Jorge, en Tooting. 

Jenner inoculó a Phipps en ambos brazos, lo que le produjo posteriormente fiebre y cierta inquietud, pero ninguna infección grave. Días después, lo sometió al procedimiento de variolación, el método habitual de inmunización en ese momento, que en ocasiones suponía contraer la enfermedad en su forma grave. 

No se produjo ningún síntoma y el niño fue más adelante probado de nuevo con material variólico y, de nuevo, no mostró ningún signo de viruela humana.

Después de que este tratamiento dio un resultado favorable, comenzó a utilizarlo con otras personas, ante la cerrada oposición de otros médicos. Las personas creían que, si se vacunaban, les crecerían apéndices vacunos en el cuerpo, y sobre eso se hizo una sátira llamada The cow pox en 1802.

Es dable  destacar que, cinco investigadores en Inglaterra y Alemania, entre ellos Sevel, Jensen, Jesty en 1774, Rendell y Plett en 1791, probaron exitosamente una vacuna contra la viruela en seres humanos, conociéndose que el agricultor de Dorset, Benjamin Jesty, fue vacunado con éxito y presumiblemente adquirió inmunidad inducida artificialmente con el virus de las vacas, al igual que su esposa y sus dos hijos, con anterioridad a la epidemia de viruela de 1774. 

Pero no fue hasta el trabajo de Jenner cuando el procedimiento llegó a ser ampliamente entendido. Jenner pudo haber conocido el procedimiento utilizado por Jesty y el éxito obtenido. 

Jenner continuó su investigación logrando demostrar que el pus protector de la viruela vacuna podría inocularse eficazmente de persona a persona y no solo directamente del ganado. Tras revisiones e investigaciones posteriores, comprobó con éxito su hipótesis en 23 pacientes y publicó sus hallazgos.

Algunas de sus conclusiones eran correctas y otras erróneas; los métodos microbiológicos y microscópicos modernos harían que sus estudios fueran más fáciles de reproducir. 

La comunidad médica deliberó extensamente sobre sus hallazgos antes de aceptarlos y, finalmente, se aceptó la vacunación. En 1840, el gobierno británico prohibió la variolación de la viruela para inducir la inmunidad y proporcionó la vacunación gratuita. 

El éxito del descubrimiento producido por Jenner pronto se extendió por Europa y se utilizó en masa en la Corona Española, donde se emprendió la Expedición Balmis, una misión de tres años de duración a las Américas, Filipinas, Macao y China, dirigida por el doctor Francisco Javier Balmis, con el objetivo de inocular a miles de personas la vacuna contra la viruela. 

La expedición tuvo éxito y Jenner escribió: “No me imagino que los anales de la historia contengan un ejemplo de filantropía tan noble y tan extenso como este. 

En Francia llegó el merecido reconocimiento cuando Napoleón Bonaparte, que estaba en guerra con Gran Bretaña, hizo vacunar a su tropa en 1805 y, a petición de Jenner, liberó a dos prisioneros de guerra ingleses y les permitió regresar a sus casas. El emperador francés comentó que: “No podía negar nada a uno de los más grandes benefactores de la humanidad”. 

Posteriormente, la condesa de Berkeley y Lady Duce hicieron vacunar a sus hijos, haciendo que la nobleza inglesa las imitara. 

El reconocimiento había llegado dos años antes con la organización en España de la llamada Real Expedición Filantrópica de la Vacuna, que patrocinó una primera expedición de vacunación a nivel mundial al abarcar su imperio de ultramar en Hispanoamérica y Filipinas. 

Así se quebró definitivamente el círculo de opositores al científico y fue entonces cuando lo invitaron a establecerse en Londres y ganar mucho dinero. Pero Edward Jenner declinó la propuesta, manifestando: “Si en la aurora de mis días busqué los senderos apartados y llanos de la vida, el valle y no la montaña, ahora que camino hacia el ocaso, no es un regalo para mí prestarme como objeto de fortuna y de fama”. No obstante, recibió dinero y distinciones que le permitieron pasar una vejez económicamente holgada. 

Donald Hopkins señala que: “la contribución principal de Jenner no fue que inoculó a algunas personas con la vacuna, sino que después demostró que eran inmunes a la viruela”

Jenner fue elegido miembro de la Royal Society en 1786, después de la publicación de su detallado estudio sobre las costumbres, previamente desconocidas, de anidamiento del cuco, un estudio en el que combinó la observación, el experimento y la disección.

En 1821, fue nombrado médico del rey Jorge IV. También fue nombrado alcalde de Berkeley y juez de paz, y fue miembro de la Royal Society. 

La comprensión de Jenner del comportamiento del cuco no obtuvo un reconocimiento pleno hasta que la artista Jemima Blackburn, una aguda observadora de la vida de esta ave, vio a un polluelo de cuco (todavía ciego) empujando fuera del nido un huevo de su anfitrión. Su descripción e ilustración de este hecho fueron suficientes para convencer a Charles Darwin de revisar una edición posterior de su libro “El origen de las especies.”

El trabajo continuo de Jenner sobre la vacunación le impidió continuar con su práctica médica ordinaria. Fue apoyado por sus colegas y por el rey, quien, mediante una petición al Parlamento, logró que se le concedieran 10.000 libras esterlinas en 1802 por su trabajo en la vacunación. 

En ese mismo año, 1802, Jenner fue elegido miembro honorario extranjero de la Academia Estadounidense de las Artes y las Ciencias. 

En 1803 fue nombrado presidente de la Sociedad Jenneriana de Londres, preocupada por promover la vacunación para erradicar la viruela.   

En 1805, Jenner fue nombrado miembro de la Sociedad de Cirugía y Medicina desde su fundación, institución que actualmente es la Real Sociedad de Medicina, y presentó allí varias ponencias. 

En 1806, fue nombrado miembro extranjero de la Real Academia Sueca de Ciencias. 

En 1807, se le concedieron 20.000 libras después de que el Real Colegio de Médicos confirmara la eficacia generalizada de la vacunación.

En 1808, con la ayuda del gobierno, se fundó el Instituto Nacional de Vacunación, pero Jenner se sintió deshonrado por los hombres seleccionados para gestionarlo y renunció a su dirección. El Instituto cesó sus operaciones en 1809. 

Reconocimiento social

En Occidente, a Jenner a menudo se le llama “El padre de la inmunología” y se dice que su trabajo ha salvado más vidas que cualquier otro hombre. 

Jenner regresó a Berkeley y continuó recibiendo honores que le llegaban desde distintos puntos del mundo. Cualquier petición de su parte a diferentes autoridades era prácticamente complacida. Del mismo modo, era querido y respetado en su pueblo, donde continuaba esforzándose por sus pacientes. Fue elegido alcalde del pueblo debido a su decisión de permanecer allí. 

Jenner también realizó trabajos literarios, llegando a escribir un nutrido número de poemas y, en sus últimos años, continuó cultivando su amor por la naturaleza, lo que manifestaba mediante su afición por los pájaros y el cultivo de plantas y flores.     

Edward Jenner falleció víctima de apoplejía el 26 de enero de 1823, a la edad de 73 años, en Berkeley, localidad en la que había nacido. 

En 1979, la Organización Mundial de la Salud declaró a la viruela una enfermedad erradicada. Ello fue el resultado de esfuerzos coordinados de salud pública a nivel mundial, donde la vacunación fue un componente esencial. 

Sin embargo, aunque la enfermedad fue declarada erradicada, algunas muestras del virus aún permanecen en laboratorios de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades, en Atlanta, Estados Unidos, y en el Centro Estatal de Investigación en Virología y Biotecnología VECTOR, en Koltsovo, óblast de Novosibirsk, Rusia.  

El nombre de Jenner se perpetúa en el espacio sideral con dos homenajes: 

  • El cráter lunar Jenner.
  • El asteroide 5168 Jenner. 

Algunas publicaciones

  • 1798. An Inquiry into the Causes and Effects of the Variolæ Vaccinæ...
  • 1799. Further Observations on the Variolæ Vaccinæ, or Cow-Pox.
  • 1800. A Continuation of Facts and Observations relative to the Variolæ Vaccinæ. 
  • 1801. The Origin of the Vaccine Innoculation.