INTRODUCCIÓN

Indudablemente todas las personas relacionadas de diferente forma con las Ciencias de la Salud conocen la relación de Hipócrates con ellas; pero, considerando que dichos conocimientos puedan ser parciales o incompletos, se considera ampliarlos, para que aquellos que lo consideren de interés tengan presente el importante aporte dado por este histórico personaje, a pesar de las limitaciones científicas y tecnológicas con las que se contaba en los tiempos de su desempeño.

Es necesario destacar en principio, que en las entregas anteriores, nos hemos referido a Asclepio o Esculapio y a Higia, una de sus hijas, quienes, según los antecedentes obtenidos, en la antigua Grecia eran considerados como dioses, compartiendo su carácter de deidad con su esencia humana, mientras que tanto Hipócrates como Galeno, son personas que orientaron sus estudios y dedicación en vida al servicio de la salud. 

HIPÓCRATES

Hipócrates nació en Cos en el año 460 a. C. Su nombre en griego antiguo, es Ἱπποκράτης, mientras que en griego moderno es Ιπποκράτης. 

Fue un prestigioso médico griego que ejerció durante el llamado “Siglo de Pericles”, siendo ampliamente considerado uno de los más destacados exponentes en la historia de la medicina. Es conocido como Hipócrates de Cos, dado que se estilaba agregar a su nombre el lugar en el que residía, que, en este caso, era la ciudad de Cos, en Grecia. 

Muchos autores se refieren a él como el “padre de la medicina”, en reconocimiento a sus importantes y duraderas contribuciones a esta ciencia y como fundador de la escuela que lleva su nombre, escuela intelectual que revolucionó la medicina que se practicaba en su época, estableciéndola como una disciplina separada de otros campos con los cuales se la había asociado tradicionalmente, para convertirla en una profesión con bases científicas.

Debido a que suelen entremezclarse los descubrimientos médicos realizados y difundidos por médicos que se integraban en el “Corpus hipocráticum”, que practicaban la medicina hipocrática, se sabe muy poco sobre lo que el propio Hipócrates pensó, escribió e hizo realmente. 

A pesar de ello, Hipócrates es presentado como el paradigma del médico antiguo, atribuyéndosele un gran progreso en el estudio sistemático de la medicina clínica, reuniendo el conocimiento médico de escuelas anteriores y prescribiendo prácticas médicas de gran importancia histórica.

No hay que confundirlo con Hipócrates de Quíos, quien fue un matemático griego del siglo V a. C., cuyo hito más importante fue la cuadratura de la luna.

Según lo informa Soriano, Hipócrates era descendiente de un médico, del cual aprendió medicina, y de su abuelo; además de estudiar filosofía y otras materias con Demócrito y Georgias, continuando su formación en el Asclepeion de Cos, y fue discípulo de un médico tracio que se llamaba Heráclides.

La madre de Hipócrates, se llamaba Praxítela, hija de Tizane. Hipócrates tuvo dos hijos, Tesalo y Draco, y una hija. Sus hijos varones, y su yerno Polibio fueron alumnos suyos. Según Galeno, un médico romano, del que nos ocuparemos más adelante, Polibio fue el auténtico sucesor de Hipócrates.

De Hipócrates se conserva una mención contemporánea que proviene del filósofo Platón, en Protágoras. 

Hipócrates enseñó y practicó la medicina durante toda su vida, viajando al menos a Tesalia, Tracia y el mar de Mármara. Se cree que murió en Larisa, a una edad considerada entre 83 y 90 años, aunque, según algunas fuentes, superó largamente los 100 años, habiendo diferentes relatos sobre su muerte.

Evolución de los conceptos terapéuticos e influencia de Hipócrates

Las escuelas de medicina de la Grecia clásica estaban divididas en dos tendencias fundamentales respecto a cómo se tenían que tratar las enfermedades. Por una parte, la escuela de Cnido se concentraba en el diagnóstico, mientras que la escuela de Cos se centraba en el cuidado del paciente y en el pronóstico. 

En general, la medicina de la época de Hipócrates desconocía muchos aspectos de anatomía y la fisiología humanas, debido a que en Grecia se prohibía la disección de cadáveres. 

Las enseñanzas de la escuela Cnidia, aunque tenían una gran valía en el tratamiento de enfermedades comunes, no eran capaces de determinar la causa de enfermedades con síntomas poco conocidos, mientras que la escuela de Cos, en la que se formó Hipócrates, tuvo más éxito aplicando diagnósticos generales y tratamiento pasivos, y fue capaz de tratar enfermedades de manera eficaz, lo que permitió un gran desarrollo en la práctica clínica.

El concepto de salud y enfermedad, y el enfoque diagnóstico y terapéutico de la medicina, han sufrido notables cambios en el transcurso de la historia. No es igual el pensamiento médico actual que el de hace tres mil años, ni siquiera es igual en todas las culturas actuales.

La medicina hipocrática y su filosofía se alejan bastante de la medicina actual, en la que el médico busca un diagnóstico específico y un tratamiento especializado, tal como lo promovía la escuela de Cnido. 

Este cambio en el pensamiento médico desde el tiempo de Hipócrates ha provocado que el médico de Cos recibiera duras críticas a lo largo de los últimos siglos, siendo la pasividad del tratamiento hipocrático el objeto de algunas denuncias especialmente críticas; por ejemplo, el médico francés Houdart, se refirió al tratamiento hipocrático, como: “una meditación sobre la muerte”.

La medicina hipocrática es ahora considerada pasiva. El enfoque terapéutico se basaba en el poder curativo de la naturaleza, doctrina según la que el cuerpo contiene de forma natural el poder intrínseco de sanarse y cuidarse. La terapia hipocrática se concentraba simplemente en facilitar este proceso natural. 

Para hacerlo, Hipócrates creía que el reposo y la inmovilidad eran de gran importancia, siendo la medicina hipocrática muy cuidadosa con el paciente: el tratamiento era suave y destacaba la importancia de mantener al paciente limpio y desinfectado. Por ejemplo, solo se utilizaba agua limpia o vino para las heridas, aunque los tratamientos secos eran preferibles y, a veces, se empleaban linimentos balsámicos.

Hipócrates era reacio a administrar drogas o emprender tratamientos especializados, por lo que, tras el diagnóstico general, seguía una terapia generalizada. Sin embargo, en determinadas ocasiones, usaba drogas potentes.

Este enfoque pasivo tuvo mucho éxito a la hora de tratar trastornos relativamente simples, como huesos rotos, que requerían tracción para estirar el sistema esquelético y aliviar la presión en la zona lesionada; para ello se empleaba el banco hipocrático y otros elementos similares.

Uno de los puntos fuertes de la medicina hipocrática es la importancia que daba al pronóstico. En tiempos de Hipócrates, la terapia medicinal estaba poco desarrollada y, a menudo, lo mejor que podía hacer el médico era evaluar una enfermedad y deducir el curso más probable, basándose en la información recogida en historiales de casos similares.

La escuela hipocrática sostenía que la enfermedad era el resultado de un desequilibrio en el cuerpo de los cuatro humores, fluidos que en las personas

sanas se encontraban naturalmente en una proporción semejante. Cuando los cuatro humores (sangre, bilis negra, bilis amarilla y flema) no estaban equilibrados, el individuo enfermaba y permanecía enfermo hasta que se recuperaba el equilibrio. La terapia hipocrática se concentraba en restaurar este equilibrio. 

Otro concepto importante en la medicina hipocrática era el de crisis, un momento en el curso de la enfermedad en que esta se hacía paulatinamente más grave y el paciente moría, o bien, ocurría todo lo contrario, y los procesos naturales permitían la recuperación del paciente. 

Según esta doctrina, las crisis tienden a producirse en días críticos, que se suponía que eran intervalos fijos después de contraer la enfermedad. Si la crisis se producía lejos de un día crítico, se podía esperar una recaída. 

La medicina hipocrática se destacaba por su estricto profesionalismo, caracterizado por una disciplina y prácticas rigurosas. Hipócrates recomendaba que los médicos siempre fueran bien aseados, honestos, tranquilos, comprensivos y serios. El médico hipocrático daba especial atención a todos los aspectos de su práctica: debía seguir especificaciones detalladas para «la iluminación, el personal, los instrumentos, el posicionamiento del paciente y las técnicas de vendaje y entablillado en el antiguo quirófano 

También se daba mucha importancia a las doctrinas clínicas de observación y documentación. Los médicos, tenían que registrar sus descubrimientos y métodos medicinales de manera muy clara y objetiva, a fin de que estos registros pudieran transmitirse y utilizarse por otros facultativos.

Hipócrates anotaba regularmente y de manera precisa muchos síntomas, incluyendo la complexión, pulso, fiebre, dolor, movimientos y excreción. Medía el pulso de los pacientes cuando examinaba por primera vez, para saber si mentía, extendiendo las observaciones clínicas a la historia y al ambiente familiar.​ Por este motivo, quizás resulta más correcto llamarlo “Padre de la medicina clínica”.

Según Hipócrates, la alimentación también tenía que variar según el clima    y las estaciones, creía que influía en los humores. 

  • En invierno, un periodo en el que domina el frío y la humedad, se deben consumir carnes con salsa, cocinadas con especias calientes.
  • En primavera, cuando domina el calor suave y la humedad, se aconseja pasar poco a poco de los pucheros a los asados y empezar a comer legumbres verdes.
  • En verano, cuando domina el calor, consumir carnes y pescados a la plancha, más ligeros, y frutos como melón, ciruelas o cerezas.
  • En otoño, un periodo en que empieza el frío, comer alimentos apetitosos y ligeramente ácidos, para expulsar la melancolía y reducir el consumo de vino y frutas. 

Más importante que destacar estas circunstancias anecdóticas sobre el criterio médico aplicado por Hipócrates con referencia a las enfermedades, cabe destacar el aporte realizado durante su desempeño profesional.

A Hipócrates y sus seguidores se les atribuye describir muchas enfermedades y trastornos médicos, pudiendo mencionarse la primera descripción de la acropaquía, un signo clínico importante en la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), el cáncer de pulmón y la cardiopatía cianótica. Los dedos con acropaquía fueron observados en un paciente con síndrome de Eisenmenger, que, debido a quien la describiera originalmente, también es conocida con el nombre de “dedos hipocráticos”.​

En su obra “Prognosis”, conocida como: “el libro de los pronósticos” Hipócrates describe lo que él denominó “la cara hipocrática”, siendo célebre la alusión de Shakespeare a esta descripción cuando escribe sobre la muerte de Falstaff, en el Acto II, Escena III de la obra Enrique V.  

Hipócrates clasificó las enfermedades en agudas, crónicas, endémicas y epidémicas, y utilizó términos como: exacerbación, recaída, resolución, crisis, paroxismo, pico y convalecencia, términos que todavía tienen un uso destacado en la práctica médica. 

Otra de las grandes contribuciones de Hipócrates es su descripción de la sintomatología, el tratamiento quirúrgico y el pronóstico del empiema torácico, una supuración del revestimiento de la cavidad torácica. Sus enseñanzas todavía son relevantes para los estudiantes de neumonología y cirugía de hoy en día. Hipócrates fue el primer cirujano torácico de quien se tiene constancia, y sus descubrimientos todavía son válidos en su mayoría.

La escuela hipocrática de medicina describió correctamente las enfermedades del recto y su tratamiento, a pesar de la pobre teoría médica desarrollada hasta entonces. Por ejemplo, las hemorroides, que, aunque se creía que eran provocadas por un exceso de bilis y flema, eran tratadas por los médicos hipocráticos con técnicas relativamente avanzadas. 

La obra fundamental ligada a Hipócrates es el Corpus hipocrático, texto que contiene libros, lecciones, investigaciones, notas y ensayos filosóficos sobre diversos temas médicos, que no siguen ningún orden concreto. Estas obras fueron escritas para públicos diferentes, tanto especialistas como legos y, a veces, estaban redactadas desde puntos de vista opuestos, por lo que se pueden observar contradicciones importantes entre diferentes obras incluidas en él. 

La cauterización y la escisión, son descritas en el Corpus hipocrático, junto con otros métodos más recomendados actualmente. También se sugieren otros tratamientos, como la aplicación de diversos ungüentos.​ Además, algunos de los conceptos fundamentales de la proctoscopía descritos en el Corpus hipocrático todavía son útiles, tales como el uso del espéculo rectal, considerado como la referencia más antigua conocida en la endoscopía.

Sus obras fueron traducidas al inglés por primera vez de forma completa por el médico escocés Francis Adams, bajo el título “The Genuine Works of Hippocrates“ en 1849, revitalizando el interés médico e histórico en las obras de Hipócrates. Además, quien tenga interés en investigar su obra cuenta con “Tratados hipocráticos”. Obra completa, de Editorial Gredos, Madrid.

El juramento hipocrático

El juramento hipocrático es el documento fundamental, destinado a establecer la ética y la deontología de la práctica médica. Es probablemente el documento más célebre del Corpus hipocrático, habiéndose puesto recientemente en duda la autenticidad de su autoría, ya que para algunos investigadores proviene de una presunta escuela pitagórica de medicina, de la que no se tiene mayor información. 

Actualmente, el juramento sólo se utiliza raramente en su forma original, sirviendo de base para otros juramentos y leyes similares que definen la moral y las buenas prácticas médicas. ​

Personalidad y leyendas sobre Hipócrates 

Las leyendas alrededor de Hipócrates abarcan incluso su genealogía, que lo hace descendiente, por herencia paterna, directamente del dios Asclepio o Esculapio y por vía materna, de Heracles. 

Sus contribuciones ciertamente revolucionaron la práctica médica, pero, después de su muerte, el progreso se estancó. Tan reverenciado era Hipócrates que sus enseñanzas fueron consideradas demasiado grandiosas para ser mejoradas y, durante largo tiempo, no se produjo ningún avance significativo en sus métodos.

Según el testimonio de Aristóteles de Estaquira, Hipócrates era conocido como “el gran Hipócrates”, habiendo sido representado inicialmente como «un médico rural viejo, amable y digno», y más adelante como «un personaje severo y adusto, considerado como un sabio, dotado de un gran intelecto y, especialmente, como una persona muy pragmática.

Su imagen de doctor anciano y sabio se vio reforzada, según Garrison, una autoridad de la historia de la medicina, quien afirmó:

“Es, por encima de todo, el modelo de aquel estado mental flexible, crítico y bien preparado, siempre en busca de fuentes de errores, que es la esencia misma del espíritu científico”.

Su figura se alza para siempre como la del médico ideal, inspirando a la profesión médica desde su muerte.

Hipócrates, además de ser la primera persona que describió la “cara hipocrática”, como se indicara anteriormente, que es el cambio que se produce en el rostro causado por la muerte, enfermedades prolongadas, hambre en excesiva, y situaciones extremas.

La acropaquía, deformidad de los dedos y las uñas ya mencionada, también es conocida como “hipocratismo digital”, al igual que la sucusión hipocrática, que es el sonido de salpicaduras internas del hidroneumotórax o pioneumotórax.​ 

Hipócrates diseñó el “banco hipocrático”, que utiliza la tensión para ayudar a corregir la posición de los huesos y el “vendaje en forma de capucha hipocrática“. Se considera que Hipócrates también describió el “risus sardónicus”, espasmo prolongado de los músculos faciales, también conocido como “sonrisa hipocrática”.

En la isla de Cos está el Museo Hipocrático, donde se conserva el “árbol de Hipócrates” un ejemplar de plátano bajo el cual se cree que enseñaba a sus alumnos.

En el Medical Center de la Universidad de Nueva York se desarrolla el “Hippocrates Project”, que es un programa para mejorar la educación mediante el uso de tecnologías avanzadas de planeamiento, simulación y ejecución para la próxima generación de robots quirúrgicos. Asimismo tanto el Canadian Hippocratic Registry como el Hippocratic Registry International son organizaciones de médicos que defienden los principios del Juramento Hipocrático original como inviolables.

Como corolario, para cerrar esta reseña histórica sobre vida y obra de Hipócrates de Cos, cabe considerar que la mayoría de los datos conocidos sobre su vida no se ajustan a archivos históricos, salvo los mencionados en las obras publicadas. 

Los datos que existen, son similares a los referidos a Avicena y Sócrates, lo que sugiere un origen legendario. Durante su vida, Hipócrates disfrutó de un gran renombre y surgieron relatos de curaciones milagrosas a su alrededor, como el que sostiene que ayudó a curar a los atenienses durante la “Plaga de Atenas”, encendiendo grandes fuegos a modo de desinfectante y aplicando otros tratamientos. 

Hay una historia que afirma que Hipócrates curó al rey Pérdicas II de Macedonia del “mal de amores”. Ninguno de estos relatos está corroborado por los historiadores, lo que indica que pueden ser historias fantasiosas creadas alrededor de personas de cierto prestigio.