INTRODUCCIÓN

En la mitología griega, nos encontramos con la mención de Higía o Higiea, que, en griego antiguo era llamaba Yγίειᾰ, Hygíeia o Ὑγείᾱ, Hygeia, y era considerada la diosa de la salud. 

Según los antecedentes obtenidos referentes a la historia de los personajes de la antigua Grecia que tuvieron alguna influencia en la atención de la salud, Higía era hija de Asclepio y Epione, quienes tuvieron además de ella, cuatro hijas: Egle, Yaso, Aseso y Panacea, todas ellas vinculadas a la salud, la curación y los medicamentos. 

Tal es la trascendencia que ha tenido Higía dentro del campo de la sanidad, que su nombre, en español, dio origen a la palabra “higiene”.

HIGÍA

De las cinco hijas de Asclepio, Higía fue la más reconocida y, puede citarse como dato anecdótico que, en determinada época, era común que quienes incursionaban en la atención de la salud, elaboraban preparados en los que incluían diversos principios activos, generalmente de origen vegetal, conformando los denominados “elixires”, que eran promocionados como la cura de diversas enfermedades y denominados “panacea”.

La palabra panacea proviene de la voz griega panakos, que significa “remedio para todo”, pero también se la relaciona con el nombre de la diosa griega del remedio, Panacea, que en griego antiguo (Πανάκεια Panákeia) significa “la que todo lo cura”.

Otros autores, en cambio, consideran a Higía consorte y no hija de Asclepio, y los órficos, reinterpretando su filiación, la imaginaron como hija de Eros y Peito.

Y para otros, Higía era considerada una diosa menor, incluida en el cortejo de Asclepio. Su nombre fue adaptado en la mitología romana como Higea y, dependiendo del autor, se la asimilaba con las diosas de la salud, Sirona y Valetudo, deidades de naturaleza sanadora. 

Aunque Higía había sido objeto de un culto local desde, al menos, el siglo VII a.C., no aparece en ningún relato mitológico, empezando a ser conocida cuando es mencionada en el oráculo de Delfos, tras las plagas que devastaron a la ciudad de Atenas, entre los años 429 y 427 a.C. y a Roma en el 293 a.C.

A Higía, la adoraban en los mismos templos que a Asclepio, donde tenía santuarios en Atenas, Corinto, Gortina, Sición y Oropo. En Roma, había una estatua suya en el templo de la Concordia. 

Arifón de Sición, artista sicionio del siglo IV a.C., escribió un himno en honor de Higía, existiendo también un himno órfico dedicado a la diosa. Artistas como Escopas, Briaxis y Timoteo, entre otros, esculpieron estatuas de la diosa.

Higía ha sido asociada con la Farmacia, siendo considerado su símbolo, la “Copa de Higia”, en la cual la serpiente bebe la sabiduría. Se la solía representar como una mujer joven, de pie, coronada con una rama de laurel, vestida con una túnica ligera y alimentando una gran serpiente enroscada en torno a su cuerpo, que bebía de una copa que portaba. A veces era acompañada por Telésforo, otro dios curativo asociado a Asclepio. 

Los dioses principales a los que se encomendaba un médico en su práctica eran: Apolo Médico, Asclepio, Higía y Panacea. En la región de Oropo se encontraba el templo de Anfiarao, célebre por sus curaciones, en el que una de las partes del altar estaba consagrada a Afrodita, Panacea, Yaso, Higía y Atenea Peonia.   

En himnos dedicados en honor a Higía, se la ensalza mencionándola como: encantadora, amable, vivificadora, augusta, soberana, afortunada, portadora de salud y prosperidad, madre de todo, pues por su influjo, desaparecen a los mortales las enfermedades, y toda su casa prospera y se llena de gozo, y las artes florecen. Era considerada como una diosa socorredora de los enfermos, que los apartaba de la molestia de las penosas enfermedades.

Como hecho anecdótico, puede mencionarse que Plutarco relata que los Propileos de la Acrópolis se construyeron en cinco años, por el Arquitecto Mnecicles, durante cuya construcción el artesano más activo y entusiasta resbaló y cayó desde una elevada altura, quedando en un estado lamentable y siendo desahuciado por los médicos. Ante tal situación, Pericles estaba descorazonado. La diosa se le apareció en un sueño y le indicó un remedio con el que Pericles curó a aquel hombre rápida y fácilmente.  Por ello le erigió a Higía, una estatua de bronce.