INTRODUCCIÓN

Cuando entramos en el conocimiento de la vida y obra de Galeno, observamos que, de todas las personalidades que se destacan como precursores en las ciencias del arte de curar, este no reviste carácter de deidad, ni su desempeño está basado en hechos milagrosos. 

Se trata de un ser humano que nació y desarrolló su vida en los años posteriores a Cristo, dedicándose al estudio de la medicina y realizando importantes aportes no solo en este campo, sino también en el estudio de preparados farmacéuticos, dejando su impronta en ellos.

GALENO

Claudio Galeno Nicón de Pérgamo, más conocido como Galeno, fue un médico, cirujano y filósofo griego, considerado uno de los más completos investigadores médicos de la Edad Antigua. 

Sus puntos de vista dominaron la medicina europea a lo largo de más de mil años en campos como la anatomía, fisiología, patología, farmacología y neurología, incluyendo también la filosofía y la lógica.

Galeno nació en Pérgamo, Turquía, en el año 129, en el seno de una familia adinerada. Su padre, Elio Nicón, era arquitecto y lo educó cuidadosamente en el pensamiento estoico, con el propósito de hacer de su hijo un filósofo. 

Desde muy joven, Galeno se interesó por una gran variedad de temas, tales como la agricultura, la arquitectura, la astronomía, la astrología y la filosofía. 

Se dice que su padre le inclinó hacia los estudios de medicina tras soñar una noche con Esculapio, dios griego de la medicina, quien le habría predicho el destino de su hijo.

Habiéndose concentrado finalmente en los estudios de medicina, a los veinte años se convirtió en discípulo del dios Asclepio en el Asclepeion de Pérgamo, donde realizaría sus estudios durante 4 años.

Se formó bajo influencia griega y al amparo de uno de los mayores templos dedicados a Esculapio. Estudió medicina con dos seguidores de Hipócrates, Estraconio y Sátiro, y posteriormente visitó las escuelas de medicina de Esmirna, Corinto y Alejandría. 

Finalmente viajó a Roma, donde su fama como médico de gladiadores lo llevó a ser elegido médico del emperador Marco Aurelio.   

Tiempo después, abandonó el templo para ir a estudiar a Esmirna y Corinto,  donde tomó contacto con la obra del célebre médico   Hipócrates de Cos, quien sería su principal referente a lo largo de su carrera.

Galeno completó sus estudios en Alejandría, principal centro cultural del Mediterráneo, donde aprendió la importancia de los estudios anatómicos y fisiológicos para la medicina. Allí entró en contacto con la obra de importantes anatomistas como Herófilo y Erasistrato.    

Regresó a Pérgamo en 157, al enterarse de la muerte de su padre, quien le legó una gran fortuna. Allí trabajó como médico en la escuela de gladiadores durante tres o cuatro años, período en el que adquirió experiencia en el tratamiento de golpes y heridas. Años más tarde se referiría a estas como las “ventanas en el cuerpo”.

A partir de 162 vivió en Roma, donde escribió numerosas obras, demostrando públicamente su conocimiento de la anatomía. Alcanzó una gran reputación como médico y contó con muchos pacientes, entre ellos el cónsul Flavio Boecio, quien lo introdujo en la corte imperial.

De este modo, llegó a ser médico del emperador Marco Aurelio y de su corregente, Lucio Vero. Durante un breve período regresó a Pérgamo, hasta ser llamado por Cómodo, hijo de Marco Aurelio.

Durante su estancia en la corte, Galeno fue testigo de importantes acontecimientos, como la llegada de la llamada peste antonina, las guerras marcomanas, el asesinato de Cómodo, la guerra civil y la llegada al trono de Septimio Severio.

Galeno pasó el resto de su vida en la corte imperial, escribiendo y realizando experimentos. Debido a que, en la antigua Roma la disección de cadáveres estaba prohibida por la ley, realizó estudios en animales para conocer la función de los riñones y la médula espinal. 

Diseccionó animales como cerdos o monos, lo que lo condujo a formular algunas ideas incorrectas sobre el cuerpo humano. 

En la Edad Media, sus escritos de anatomía se convirtieron en el pilar de los estudios universitarios. Sin embargo, tras la caída del imperio romano de Occidente, se produjo un estancamiento intelectual. 

No obstante, en el imperio bizantino, y en el califato abasí, se continuaron estos estudios y se produjeron avances en los conocimientos científicos. 

Algunas de las ideas de Galeno eran incorrectas, ya que nunca diseccionó un cuerpo humano debido a los tabúes sobre esta práctica en la sociedad grecorromana. A pesar de ello, realizó importantes aportes: corrigió el error de Erasistrato, quien creía que las arterias transportaban aire, y es considerado uno de los primeros experimentalistas de la medicina. 

En el medioevo, profesores y estudiantes de medicina de Bolonia comenzaron a realizar disecciones de cuerpos humanos. En este contexto, Mondino de Liuzzi redactó el primer libro conocido de anatomía, basado en disecciones humanas cuyos textos tuvieron amplia aceptación. 

En la década de 1530, el anatomista y médico de Bruselas, Andrés Vesalio, comenzó a traducir del griego al latín muchos de los textos de Galeno, lo que permitió su amplia difusión. En 1543 publicó su obra “De humani corporis fabrica”. 

Galeno escribió principalmente en griego, ya que esta lengua tenía mayor prestigio en la medicina de la época que el latín. Para ello utilizó hasta veinte escribientes que registraban sus palabras. En el año 191, un incendio destruyó parte de sus obras. 

Su principal obra, “Methodo medendi”, sobre el arte de la curación, ejerció una enorme influencia en la medicina durante quince siglos.

La fecha de su muerte se ha estimado tradicionalmente en torno al año 201, basándose esta conjetura, en referencias del siglo X, del Léxico de Suda. Sin embargo, otros expertos sitúan su muerte hacia el año 216.

El gran prestigio del que gozó, no sólo en Roma, se debió en parte a su extensa producción literaria, con más de cuatrocientos textos, de los cuales se conservan alrededor de ciento cincuenta, principalmente a través de traducciones de gran mérito en la época, aunque con limitada fiabilidad. 

La obra de Galeno se basa en la tradición hipocrática, a la que incorpora elementos del pensamiento de Platón y Aristóteles, recibidos a través del estoicismo Posidonio. 

Su sólida formación le permitió conocer en profundidad las distintas escuelas médicas de su tiempo y aportar contribuciones originales.

Su fisiología, por ejemplo, se basa en ideas aristotélicas sobre la naturaleza, el movimiento, la causa y la finalidad, junto con la concepción platónica del alma como principio vital.

Según esta visión se distinguían tres tipos de alma: la concupiscible, (con sede en el hígado), la irascible, (en el corazón) y la racional, (con sede en el cerebro).

En sus estudios, Galeno también incursionó en los preparados farmacéuticos, siendo tal su influencia que aún hoy, en la práctica farmacéutica, cuando se realizan preparados magistrales en la Farmacia, se habla de “Preparados galénicos”.

En el año 2015, se ha descubierto un documento de su obra: “De los preparados y los poderes de los remedios simples”.

Se entiende por “Fisiología general” al estudio de los conceptos relacionados con el funcionamiento del cuerpo humano. En la medicina clásica se consideraba que el espíritu era una materia sutilísima que ponía en funcionamiento los órganos de una cavidad. Por tanto, no se contraponía de forma excluyente a la materia, sino que los espíritus eran considerados una forma especial y particularmente sutil de materia. 

Para Galeno, y a partir de él, para toda la medicina antigua, los espíritus se agrupaban en tres tipos, correspondientes a tres tipos de alma, entendiendo por alma o psiquis el principio del movimiento y de los cambios en los seres vivos.:

Los filósofos solían denominar “espíritu vegetal o vegetativo” al correspondiente al alma concupiscible, con sede en el hígado, que es el órgano fundamental del abdomen para los clásicos. Desde el hígado, el espíritu natural, se difundiría por las venas. 

El espíritu natural es el responsable de las diversas funciones o facultades de los órganos del abdomen, que un fisiólogo antiguo denominaba virtudes. 

Por tanto, los espíritus son los que desencadenan las virtudes de los órganos, y las virtudes se identifican con las fuerzas que hacen funcionar a los órganos. Las virtudes de los órganos abdominales son las funciones vegetativas, es decir, nutrición y crecimiento. 

Además, en el abdomen están los órganos de la reproducción. De acuerdo con esto, las virtudes puestas en acción por los espíritus, son propiedades de órganos como los riñones, que tienen una virtud atractiva para la sangre y otra expulsiva para la orina. 

La unión de un conjunto de virtudes se combina entre sí para dar forma a la purificación de la sangre y eliminación de la orina. La operación es, por tanto, la acción que realiza un determinado órgano y puede incluir varias virtudes coordinadas. 

Cada una de las virtudes abdominales, se corresponde con un órgano y se clasifican en principales: digestión, crecimiento y generación. Existen también virtudes secundarias, tales como: atractiva o apetitiva, retentiva, conversiva, expulsiva o excretiva. 

El alimento es deglutido, digerido y asimilado, y los residuos son eliminados gracias a estas virtudes. 

Hay también virtudes psíquicas con sede en el abdomen: virtudes concupiscibles relativas al deseo, que funcionan por pares: amor-odio, deseo-abominación, gozo-tristeza.

En la época de Galeno, para los médicos, existía el espíritu (pneuma) vital, localizado en el tórax, cuyo órgano fundamental era el corazón, e incluía a los pulmones.

Corresponden al alma irascible, las virtudes o facultades vitales. El espíritu vital es responsable de las virtudes y operaciones que mantienen la vida: la respiración, el latido cardíaco y el pulso. 

Este último, no era para los antiguos, simplemente la transmisión del latido cardíaco, sino una fuerza o virtud propia de la pared arterial, la virtud pulsífica, distinta de la virtud del latido cardíaco.

Tradicionalmente, la muerte se determinaba por el cese de estas funciones torácicas, y se concebía como la desaparición del espíritu vital. El pneuma o spiritus vital se desplazaría por las arterias a partir del corazón. 

Pero, así como el latido es la función del corazón, el pulso es la función de las arterias, siendo per se una fuerza autónoma, y la respiración es la función de los pulmones. 

Estas son las virtudes o facultades vitales principales, siendo las secundarias las mismas que en el caso del abdomen, la atractiva de los pulmones sobre el aire, la expulsiva del corazón con respecto a la sangre, etc. 

También en el tórax habría, para los antiguos, virtudes psíquicas, las llamadas virtudes irascibles, como la ira, la audacia y su opuesto, el temor, o la esperanza y la desesperación. 

A partir del corazón, el espíritu vital se transmitiría a todo el organismo a través del sistema arterial.

En la época de Galeno, para los médicos, también existía el espíritu (pneuma) animal, con sede en el cerebro, cuyas virtudes y operaciones más complejas, de carácter mental son características del ser humano. 

Este tercer tipo de pneuma, se desplaza desde el cerebro a los diferentes órganos por el interior de los nervios, correspondiendo al alma racional. Se divide en varios tipos: las aferentes sensitivas, que reciben sensaciones a través de los órganos de los sentidos, y las eferentes motoras, que gobiernan el movimiento de los músculos.

Hay, además, virtudes intermedias, centrales u ordenadoras, que tienen lugar en el sistema nervioso central, tales como la imaginación, la razón y la memoria. 

En la fisiología general galénica es también muy importante el concepto de calor innato, esencial para la vida. Su sede es el corazón, desde el cual se difunde por todo el organismo a través del pulso. 

El combustible a partir del cual se produciría este calor innato es el alimento, y la respiración tiene, en relación con él, una función refrigerante.

La concepción clásica de las principales funciones del cuerpo humano puede ser expuesta a partir de lo que ocurriría al ingerir un alimento. Actuarían, en primer lugar, la virtud de la boca de masticar y la de tragar, complementadas por la virtud del estómago, de atraer el alimento. La interacción de todas estas virtudes formaría la operación de deglutir y, mediante la virtud conversiva del estómago, los alimentos deglutidos son convertidos en quilo.

Los procesos a los que es sometido el alimento en el estómago e intestino se denominan primera digestión. Las sucesivas digestiones que se producen irán separando lo puro de lo impuro, y cada una de ellas producirá residuos que serán eliminados, purificando así el resto. Los restos de la primera digestión son las heces fecales.

El quilo, que se constituiría con los alimentos puros, es transportado al hígado a través de las venas mesentérica y porta, y sufre allí una segunda digestión, de la cual surgen los humores.

El hígado es, por tanto, el laboratorio en el que se gestan los cuatro humores, y fundamentalmente la sangre, a partir del alimento ya transformado en quilo. La segunda digestión produce también residuos que van a los riñones y se eliminarán por la orina.

La bilis negra o atrabilis, uno de los humores producidos en el hígado, se dirige en gran parte al bazo. Otra parte, mezclada con la sangre recién creada en el hígado, se distribuye por las venas, siendo la sangre venosa. 

Para la medicina galénica, el sistema venoso tiene su origen en el hígado y se ramifica a partir de él y no en el corazón. 

El hígado, órgano esencial del abdomen, es la fuente de las venas, que distribuyen por todo el organismo la sangre venosa, la que, por llevar mezcla de humores, tendrá un color distinto de la sangre arterial, que es pura.

A través de la vena cava, llega también sangre desde el hígado a la aurícula derecha, y de ahí, al ventrículo derecho, donde encontraría dos posibilidades: una parte atravesaría la pared interventricular, a través de unos supuestos poros, pasando al ventrículo izquierdo; el resto va a los pulmones por lo que llamaban la “vena arteriosa”, correspondiente a la actual arteria pulmonar. 

Esta sangre, desde el ventrículo derecho, se dirige al pulmón para alimentarlo y, por tanto, no retornaría al corazón.

Habría también “arterias venosas” (las actuales venas pulmonares) que van del pulmón a la aurícula izquierda. Estas arterias venosas no llevarían sangre, dado que, para la fisiología antigua, la sangre que llegó al pulmón se queda en él; no hay circulación pulmonar. 

Lo que llevarían las arterias venosas es pneuma, el espíritu que el pulmón extraería del aire al inspirar. El pneuma que pasa de la aurícula al ventrículo izquierdo encuentra allí la sangre que pasó desde el otro ventrículo por los poros.

En el ventrículo izquierdo el pneuma purifica la sangre y la hace más sutil; los desechos de esta nueva purificación de la sangre se expulsan mediante la espiración. 

Esta sangre pneumatizada, que hoy se llama sangre oxigenada, se distribuye a través del sistema arterial a todo el organismo. 

En las distintas partes del cuerpo se encuentran anastomosis o comunicaciones arterio-venosas en las que se mezclarán los dos tipos de sangre: la sangre venosa procedente del hígado y la pneumatizada que viene del ventrículo izquierdo. 

La mezcla de sangres se transvasa y, ya fuera de las arterias y venas, se solidifica progresivamente, alimentando y haciendo crecer los distintos miembros del cuerpo al convertirse en la materia que los constituye, que es, en última instancia, una solidificación de los humores.

Así la sangre se transforma en las distintas partes del cuerpo y, por tanto, no retorna al corazón. Esta transformación de la sangre en partes del cuerpo es la tercera digestión, cuyos residuos se expulsan al exterior en forma de sudor, pelos, uñas, etc.

También al cerebro, como al resto de los órganos, llega la sangre, distribuyéndose en la llamada rete mirabile, una red arterio-venosa de las meninges que de hecho existe en los cerdos, pero no en los hombres. 

Allí se produce la tercera digestión o cocción de la sangre, que da como producto una materia sutilísima, gracias a la cual pueden funcionar las virtudes más espirituales y típicamente humanas de la vida de relación, siendo éstas las facultades anímicas.

Los desperdicios correspondientes a esta digestión se expulsan al exterior a través de los órganos de los sentidos: legañas, cerumen del oído, mucosidades nasales, etc.

Aportes de Galeno a la medicina

  • Demostró cómo diversos músculos son controlados por la médula espinal.  
  • Identificó siete pares de nervios craneales,   
  • Demostró que el cerebro es el órgano encargado de controlar la voz.
  • Demostró las funciones del riñón y la vejiga,   
  • Demostró que por las arterias circula sangre y no aire, como pensaban Erasistrato y Herófilo. 
  • Descubrió diferencias estructurales entre   venas y arterias. 
  • Describió las válvulas del corazón.   
  • Describió diversas enfermedades infecciosas , como la peste de los años 165 y 170.
  • Dio gran importancia a los métodos de conservación y preparación de fármacos, base de la actual Farmacia Galénica.    
  • Su tratado sobre el diagnóstico de los sueños describe las ensoñaciones, afirmando que pueden ser un reflejo de los padecimientos del cuerpo.