INTRODUCCIÓN

Asclepio o Asclepios para los griegos, o Esculapio para los romanos, se menciona como un ser nacido del dios Apolo, dedicado a la atención de problemas de salud, poseyendo poderes especiales y considerado como un ser mitológico.
Iniciamos así la descripción de uno de los principales personajes destacados en la enseñanza y desarrollo de las “Ciencias del Arte de Curar”. Sabemos que quienes están ligados de alguna forma a dicho medio, tienen conocimiento de su existencia e importancia, pero, en oportunidades, ello ocurre en forma parcial, por lo que se ha considerado adecuado ampliar estos datos, con el objetivo de aportar aquellos que puedan no conocerse y, con ello, destacar la importancia de su labor, siempre teniendo en cuenta la época y el criterio moral y religioso en el que debió desempeñarse.
Dos personas consideradas como deidades dentro de la mitología griega: Asclepio o Esculapio, e Higia, quien, según algunos, era su hija, junto con otras cuatro dedicadas al cuidado de la salud, mientras que, para otros, era su esposa.
 

ASCLEPIO

Los datos sobre Asclepio, resultan variados y hasta diferentes. Su origen reviste cierto dramatismo y, en lo que respecta a su vida de relación humana (aunque era considerado un dios), también presenta, en la información asentada, aspectos interesantes para su análisis.
Asclepio, Asclepios o Esculapio (Aesculapius en latín) es considerado el dios de la medicina, que nace y desarrolla su actividad en la Grecia clásica, donde convivían la medicina religiosa y la secular, como producto de una larga tradición mítica. 
Como antecedentes a Asclepio, siempre como deidades sanadoras, se puede citar a Melampo, que curó a las mujeres locas de Argos utilizando eléboro negro, que tiene propiedades de narcosis, diuresis y catarsis, y a Anfiarao, sucesor de Melampo, que fue venerado como un héroe sanador y poseía un oráculo en el que se practicaba la incubatio. 
También se cita a Trofonio, quien ejercía sus poderes sanadores en cuevas mediante serpientes, y a Orfeo, que utilizaba la música y la poesía para influir en el alma.
Casi todos los dioses, semidioses y héroes tenían algún poder o influencia sobre la salud. De este modo, Hera, diosa del hogar, era la patrona de las parturientas; Atenea, diosa de la sabiduría, era la patrona de la vista, mientras que el centauro Quirón, era considerado patrón de la salud y fue maestro de Apuleyo, Melampo, Aquiles y Asclepio. 
En la antigua Grecia, de todas las deidades sanadoras, la principal fue Apolo, porque en el año 431 a.C. hubo una epidemia de peste, por lo que los griegos consultaron los libros de la Sibila, que el rey Lucio Tarquinio había dejado en el Capitolio. Las profecías aconsejaron edificar un templo a “Apolo Medicus Purificador“, en el Campo de Marte.
Los romanos, antes de adoptar Asclepio como dios de la medicina y la curación, al que llamaron Esculapio, veneraban, desde el 435 a.C., a Apolo, al igual que los griegos, como protector de la salud, pero como el dios Apolo era extranjero, conforme a lo que dictaban las leyes, el templo tenía que ser elevado fuera de las murallas de la ciudad.
Transformado Asclepio en el dios de la medicina y la curación por los romanos, fue llevado desde Epidauro a Roma con motivo de la epidemia de peste que hubo en el año 293 a.C. y, en el año 281 a.C. se levantó su santuario en la isla Tiberina, situada en el río Tiber, la cual estaba asociada al arte de la curación. En la época actual, se conserva en ella un famoso hospital del siglo XVI.
Cuando nos interesamos en conocer el origen y la vida de Asclepio, aparecen diferentes datos, según el origen de los mismos. Una tradición fenicia dice que Asclepio nació de Apolo sin intervención femenina, pero otras fuentes indican que su madre era Coronide, hija de Flegias, según los tesalios, o Arsinoe, según los mesenios, hija de Leucipo.
La unión entre Apolo y Coronide tuvo lugar en las orillas de la laguna Bebea o Beobea, cerca de Leuquería. Artemisa, enterada de que Coronide, cuando estaba embarazada, tuvo relaciones con Isquis, hijo de Elato, la mató durante su alumbramiento, para castigar el ultraje contra Apolo.
Esto sucedió en el templo de Apolo, habiendo sido Asclepio rescatado del vientre de su madre, por una comadrona mientras Apolo aliviaba los dolores de Coronide. Debido a que Asclepio era hijo de Apolo, todo el país de Epidauro estaba especialmente consagrado a él, habiendo sido considerado como un dios desde el principio.
Luego del trágico nacimiento de Asclepio, Apolo confió al pequeño al centauro Quirón, en el monte Pelión, lugar donde vivían los centauros. El centauro le enseñó todo lo referente a las artes curativas, especialmente lo relativo a las plantas medicinales. También intervinieron en su educación Apolo y Atenea, y fue cuidado por una nodriza, que lo alimentaba con leche de una cabra, mientras lo cuidaba el perro guardián del rebaño. 
Cuenta la leyenda que, cuando un pastor llamado Arestanas, encargado del cuidado de las cabras, al encontrarse el perro ausente del rebaño, al encontrar al niño solo, sintió deseos de llevárselo; pero, cuando estuvo cerca, vio que un resplandor salía del niño y, considerando que era algo divino, como precisamente era, se marchó. 
En la Ilíada, Asclepio no es descrito como una deidad; en su lugar, se describe a Peón, el dios médico. Posteriormente, Peón sería una de las advocaciones de Asclepio. En dicha obra, se citan dos hijos de Asclepio:  Podalirio y Macaón, siendo   ambos médicos, pretendientes de Helena y participantes en la guerra de Troya. La madre de ellos, fue Epíone. 
Asclepio y Epíone fueron también, padres de cinco hijas: Higía, Egle, Yaso, Aceso y Panacea, todas ellas relacionadas con la salud. Otros relatos indican que la esposa de Asclepio era Lampetia, hija de Helios, o que Higía, era su esposa y no su hija. A su vez, un escolio dice que otros hijos de Asclepio fueron: Alexénor y Yanisco, héroes cultuales sanadores. 
Paralelamente, existen dos dioses asociados al culto de Asclepio, aunque es probable que estos cultos refieran a dos héroes que posteriormente fueron asimilados al cortejo de Asclepio; ambos son descritos en las obras de Pausanias. Uno de ellos, Arato, era un héroe protector contra las posesiones, hijo de Asclepio y una tal Aristodama, y el otro, según una inscripción ática, es Telésforo. Tardíamente, las diosas romanas Meditrina y Salus, por su carácter curativo, fueron asociadas también a Asclepio. 
Según Cicerón, en su “De natura deorum”, existieron hasta tres dioses Asclepio o Esculapio. 
El primero, es hijo de Apolo, y a él, se le atribuye haber inventado la sonda y haber sido el primero en vendar una herida. A él le rinden culto los arcadios. 
El segundo Asclepio es hermano de Mercurio o Hermes, del que se dice que, tras resultar fulminado por un rayo, fue inhumado en Cinosura. 
El tercer Asclepio es hijo de Arsipo y Arsínoe, siendo el primero, según cuentan, que descubrió cómo purgar el vientre y la manera de extraer los dientes. Su sepulcro y su bosque sagrado se muestran en Arcadia, no lejos del río Lusio. 
Tal como se anticipara, puede verse que los datos sobre Asclepio son diversos, según sea la fuente.
La función de curar enfermedades en los pueblos primitivos era propia de hechiceros y sacerdotes, que operaban con salmodias y encantamientos. En ese medio, Asclepio, convertido en cirujano y muy experto en su arte, practicó la medicina con gran éxito, por lo que le levantaron santuarios en diversos puntos de Grecia. 
No sólo impedía que algunos enfermos murieran, sino que también revivía a los muertos, dado que había recibido de Atenea la sangre manada de las venas de la Gorgona, utilizando la de las venas del lado izquierdo para ruina de los hombres y la del derecho para su salvación; así, daba vida a los muertos, habiendo devuelto la vida a un gran número de personas importantes.
Debido al poder de Asclepio de devolver la vida a los muertos, Zeus, temiendo que quebrara el orden natural y que quienes actuaban en la medicina aprendieran de Asclepio, lo fulminó con un rayo. 
Irritado por ello, Apolo, en venganza, mató a los cíclopes, que eran quienes le habían fabricado el rayo para Zeus. Otros dicen que Zeus decidió fulminarlo cuando Asclepio resucitó a Hipólito en Trecén. Según otras versiones, fue Hades quien le solicitó a Zeus que acabase con Asclepio para que dejara de seguir robándole súbditos a su reino. 
A su muerte, Asclepio ascendió a los cielos y se convirtió en la constelación de Ofiuco, teniendo relación con la Serpiente. Según leyendas de época, se dice que el catasterismo de Ofiuco lo muestra sujetando una serpiente porque, cuando Minos le encomendó la resurrección de Glauco, Esculapio, mientras meditaba lo que debía hacer, vio como una serpiente se arrastraba hasta su báculo. Distraído, la mató, golpeándola una y otra vez con su báculo, mientras intentaba huir.
Más tarde, otra serpiente llegó allí, trayendo una hierba en su boca, y la colocó sobre su cabeza, resucitando a su compañera. Una vez hecho esto, ambas huyeron del lugar. Asclepio, usando la misma hierba, devolvió la vida a Glauco. Y así, la serpiente fue puesta bajo su tutela y también entre las estrellas, formando a Serpens. 
Asclepio fue distinguido por su vara, que es un bastón en el cual se enrosca una serpiente, en forma similar al caduceo, siendo considerada como el símbolo de la medicina. Sus atributos se representan con una serpiente enrollada en un bastón. 
Los templos de la salud, destinados a brindar homenaje a todos los seres mitológicos relacionados con la salud, aparecen alrededor del siglo VI a.C. El culto a Asclepio se extendió, llegando incluso hasta Egipto, donde fue venerado junto con Imotep y Serapis, que eran dioses de la medicina egipcia. 
El santuario de Apolo Medicus, en Roma, fue muy famoso y se hacen de él continuas menciones en la historia. Se guardaban en el templo numerosas obras de arte traídas de Grecia.
Pausanias dice que los santuarios más importantes erigidos en homenaje a Asclepio fue el de Epidauro, en el Peloponeso, donde se creó y desarrolló una verdadera escuela de medicina. Valga recordar lo anticipado: que, al ser reconocido Asclepio por los romanos como dios de la medicina y la curación, en el año 281 a.C., se levantó su santuario en la isla Tiberina, situada en el río Tiber.
También se menciona el de Tricca, el que, para algunos autores es el Asclepion. En la península ibérica se han encontrado restos de antiguos templos de Asclepio en Ampurias (siglo IV a.C.) y en la Almoina (siglo II a.C.). La fama de estos templos fue tal que, durante el cristianismo, al principio, se compartió el culto a Cristo, con el culto a Asclepio.
Cada templo era un conglomerado de edificios e instalaciones cuyo tamaño y opulencia dependía de su riqueza e importancia. La estructura predominante era:
  • Un templo principal, donde se encontraba la estatua del dios.
  • Un tholos, donde se encontraba un estanque o manantial.
  • El abaton, sala en la que dormían los enfermos para que se produjese la curación.
Además, el grupo de estructuras podía tener teatro, estadio, gimnasio y posadas. A los templos podían acudir tanto ricos como pobres. Fueron como una especie de santuarios o balnearios medicinales, en los que se daban muchas curaciones, sobre todo en los enfermos psicosomáticos, en los cuales los resultados eran favorables. El tratamiento no era gratuito, pero las donaciones eran asequibles. 
Las ruinas arqueológicas del Santuario de Asclepio en Epidauro se encuentran en un pequeño valle, cerca de las ruinas del teatro del siglo II a.C. Este santuario llegó a ser el centro terapéutico más grande de la antigüedad, y en él se desarrolló una verdadera escuela de medicina donde practicaban los sucesores de Asclepio. El más famoso de estos médicos fue Hipócrates, de quien se decía que era descendiente directo del dios.
La fama del santuario sobrepasa los límites de la región de Epidauro, sobre todo después de la   peste que azotó a Atenas. Por este motivo, se fundó el Asclepeion al pie de la colina de la Acrópolis. El auge del culto fue tal que Epidauro se convirtió en un lugar de peregrinación, llenándose de edificios suntuosos. 
Otros santuarios se hallaban en Atenas, Pérgamo, Esmirna, Cirene y Mesene.    
En la provincia catalana de Gerona se encuentra un importante templo dedicado a Asclepio en la Neápolis. La importancia de este templo radica en la situación geográfica de Ampurias, bajo el Cabo de Creus, donde la escarpada costa y los vientos a menudo mantenían a los marineros largo tiempo en la mar, agotados. Así pues, los colonos griegos de Iberia hacían su primera parada en esta ciudad para guarecerse en el santuario.
En los santuarios se utilizaba a menudo un determinado tipo de serpientes no venenosas en los rituales de curación, llamadas serpientes esculapias, que se arrastraban libremente por el suelo de los dormitorios donde los enfermos y heridos dormían. 
Estas serpientes se introducían en la fundación de cada nuevo templo de Asclepio en todo el mundo clásico, observándose que, desde aproximadamente el 300 a.C. en adelante, el culto de Asclepio se hizo muy popular y los peregrinos acudían en masa a sus templos de curación para ser atendidos. 
La purificación ritual era seguida por ofrendas o sacrificios al dios, y el suplicante entonces pasaba la noche en la parte más sagrada del santuario y le informaba luego todos los sueños o visiones a un sacerdote, quien prescribía el tratamiento adecuado mediante un proceso de interpretación. En algunos templos de curación también se utilizaban perros sagrados para lamer las heridas de los enfermos. 
Tal fue la fama que logró Asclepios, que algunos movimientos religiosos posteriores reclamaron su relación con él, observándose que, en el siglo II a.C., se afirmó que el dios Glicón, representado por una serpiente con una cabeza humana, era una encarnación de Asclepio. 
Por el contrario, Justino Mártir, un defensor filosófico del cristianismo, que escribió alrededor del año 160 d.C., afirmó que el mito de Asclepio presagiaba, más que servía como fuente para las reivindicaciones de los poderes curativos de Jesús. 
Queda a consideración del lector emitir un juicio de valor sobre la importancia del aporte efectuado por Asclepio o Esculapio en el bien de la salud, con los elementos y conceptos terapéuticos de su época, contando con ellos para que le valiera su admiración y llegara a ser considerado el dios de la medicina.