Introducción | El mayor intento colonial para nuestros pueblos | Porque no al ALCA?

A.L.C.A.
INTRODUCCIÓN

El A.L.C.A. es un acuerdo impulsado por EE.UU. Pretende asegurar la libre circulación de las mercaderías y el capital desde Alaska a Tierra del Fuego. La actuación de la Asociación de Empleados de Farmacia en la vida argentina solo puede comprenderse con una visión amplia del país, que parta desde sus mismos orígenes, se inserte en su conflictivo presente y, finalmente, se proyecte en su anhelado futuro de libertad y justicia para todos sus habitantes.

Ya en los comienzos del sindicalismo argentino se perfilaron, con las limitaciones propias de su circunstancia histórica, dos grandes líneas directrices: el anarquismo y el socialismo. Sin entrar a considerar los matices que le dieron color a cada una de ellas, esas dos vertientes configuraron distintos modos de ver, de sentir y de enfrentar la realidad: combativa, revolucionaria y hasta intransigente la primera; negociadora, reformista y también condescendiente la segunda.

La evolución del mundo y de la sociedad argentina termino con aquellos rótulos y estructuras, pero no con esas dos actitudes. En la Argentina continuo existiendo un sindicalismo batallador y otro complaciente. Estas dos alas se incorporaron al gran movimiento nacional de liberación sin perder por ello sus características vitales. Naturalmente, también lo hizo la Asociación de Empleados de Farmacia retomando en sus concepciones y en su actividad cotidiana la mejor tradición del sindicalismo combativo, comprometido en la permanente defensa de los intereses de la clase trabajadora.

Para entender los verdaderos alcances de este proceso resulta imprescindible referirse al significado del movimiento nacional en la sociedad argentina. La Argentina, como todos los países latinoamericanos, soporto desde su constitución como nación independiente la influencia política, económica y cultural de los países metropolitanos. En el siglo pasado y en buena parte del presente fue Gran Bretaña la que urdió la trama colonial; después crecería la influencia de los EE.UU. hasta reemplazar casi totalmente a la vieja potencia dominante. Pero con uno u otro dominio, el drama argentino siguió siendo el mismo: la dependencia, el estancamiento económico y la injusticia social. En suma, la Argentina no escapo al irreversible deterioro que ha producido el colonialismo y el imperialismo en todo el Tercer Mundo.

En el siglo pasado, los ejércitos populares de San Martín hicieron la Independencia; el gaucho Rivero y un puñado de paisanos se alzaron en las desoladas Malvinas contra el usurpador británico; y los caudillos federales detuvieron casi a mano limpia las ambiciones de las potencias colonialistas europeas. En el curso de este siglo, el yrigoyenismo recupero esa tradición nacional, incorporo a su seno a vastos sectores populares y peleo por sus derechos políticos, por su dignidad nacional y por una autentica política latinoamericana. Este movimiento de las fuerzas populares no alcanzo a ser comprendido por los partidos de filiación marxista ni por otras agrupaciones de una u otra forma ligadas al sistema de dominación. Ninguno supo darle respuesta a las aspiraciones populares, al sentimiento antiimperialista que latía - y late - en las grandes mayorías nacionales, y a la necesidad colectiva de labrar la grandeza del país dentro de los marcos de la justicia, la democracia y el bienestar de todos los argentinos. Fue necesario que irrumpiera el peronismo en la vida nacional para que el pueblo encontrara su expresión mas justa en las propuestas básicas del general Perón: Soberanía política, independencia económica y justicia social. Estas eran las genuinas aspiraciones de la mayor parte de los argentinos, por eso se volcaron masivamente tras las banderas enarboladas por el peronismo. En un país postrado social y económicamente, con toda su riqueza enajenada a los capitalistas extranjeros y al servicio de ellos, con sus derechos políticos suprimidos por un sistema de gobierno que había hecho del fraude electoral y de la corrupción administrativa su estilo de vida, con una legislación laboral que era letra muerta y que en la realidad se traducía en la mas flagrante injusticia social, con agrupaciones políticas y gremiales que no atinaban a ofrecer soluciones reales y se esterilizaban en interminables conciliábulos y negociaciones, no puede sorprender a nadie que el advenimiento del peronismo convocara multitudes y le cambiara la cara al país en diez años de fecundo gobierno.

En esos años el pueblo conoció una prosperidad que ni siquiera había imaginado. Las estadísticas conservan en cifras ese bienestar colectivo, y sobre todo lo guardan los argentinos que vivieron aquellos años. La derrota nacional y popular de septiembre de 1955 puso al pueblo en una nueva encrucijada histórica. Muchos hombres jóvenes se encontraron frente a una difícil realidad. Tuvieron que apelar a su valor, a su imaginación y a su decisión para enfrentarla. En esta circunstancia de luchas y rebeldías surgieron gran parte de los actuales dirigentes de la Asociación de Empleados de Farmacia. Embanderados en las concepciones esenciales del movimiento nacional, representado mayoritariamente por el proscrito peronismo, partieron de ellas para ir elaborando en su practica diaria una ideología coherente y concreta, porque supieron despreciar las abstracciones ideológicas supuestamente revolucionarias y la adecuadas a la realidad nacional, sin preocuparse por esquemas o modelos extranjeros que, aun cuando pudieron ser aptos en sus países de origen, no eran idóneos para resolver la problemática argentina.

Así, la Asociación de Empleados de Farmacia a través de la acción de sus dirigentes, en especial su Secretario General, Jorge F. Di Pascuale, adscribió a un peronismo nacionalista y revolucionario en lo político, y cristiano en lo filosófico, definido no a partir de preconceptos o de falsas idealizaciones, sino por contener y expresar a la clase trabajadora. Y aquí tampoco caben espejismos o teorías. Si la Asociación eligió este camino no es por una pose ideológica, sino porque pertenece a la clase trabajadora, porque sabe que el único sector social que jamás estuvo corroído por las miserias de la venalidad y la corrupción fueron los trabajadores y que solo a partir de su proyecto histórico se puede construir una sociedad justa, con una equitativa distribución de la riqueza, única forma de erigir una Nación libre, fuerte y orgullosa de su destino, en la que ya no tengan cabida las doctrinas importadas que mientras predicen el liberalismo económico a ultranza, para enriquecer a los capitalistas extranjeros, propugnan el autoritarismo político y cierran los ojos a las peores violaciones de la persona humana hasta negar los principios básicos que deben regir una convivencia civilizada.

Contra esta concepción política antinacional y antidemocrática ha peleado y pelea la Asociación de Empleados de Farmacia en todos los frentes, y así ha llegado a marcar una posición ética, por su conducta y sus ideas, dentro del panorama gremial argentino. Por estas razones, la Asociación de Empleados de Farmacia participo en la fundación de las 62 Organizaciones Peronistas; tuvo la satisfacción de que su secretario general, Jorge Di Pascuale, fuera el diputado nacional mas votado en las elecciones de 1962; trabajo junto a Perón en los difíciles años de su exilio, cuando organizaba la resistencia popular al engaño y la postración económica; tomo parte activa el la C.G.T. de los Argentinos, oponiéndose con firmeza a la política implementada por el gobierno militar de entonces; tuvo presencia en innumerables agrupaciones peronistas y gremiales que constituyeron, con sus errores y aciertos, intentos validos y legítimos de organización popular contra una política represiva y dilapidadora del futuro argentino, que solo satisfacía las mezquinas pretensiones de los sectores militares encaramados en el poder y de las minorías de siempre, inevitablemente ligadas al negocio de las multinacionales

Esta consecuente actitud la llevo a enfrentar a los sectores internos del peronismo que no permanecieron fieles a su legado histórico, que prefirieron la comodidad de entenderse con el poder de facto y los agentes del imperialismo a los riesgos que supone la lealtad al proyecto nacional de los trabajadores. Por idénticas razones jamás acepto usufructuar cargos para el provecho personal de sus dirigentes y no ahorro críticas a todos aquellos que se abalanzaron a la función pública no para servir, sino para servirse de su posición privilegiada. Alerto, en su momento, sobre los peligros que amenazaban al último gobierno constitucional, invito más de una vez a enmendar errores, y no se sumo, como otros nucleamientos, al coro que reclamaba el golpe de Estado aparentemente salvador. Cuando este se produjo, el 24 de marzo de 1976, la Asociación de Empleados de Farmacia no renuncio a sus postulados ni a su tradición de lucha. Enfrento al poder militar y económico en todos los terrenos que le permitían sus fuerzas, y trabajo sin descanso por paliar de algún modo la critica situación por la que atravesaban numerosas familias argentinas, que lloraban muertos, desaparecidos o detenidos, que lamentaban desocupados o subocupados, y padecían increíbles sufrimientos por el retraso de la salud publica, la seguridad social y la educación.

Indudablemente pago un alto precio por su actitud combativa, por no doblegarse ante el terrorismo de Estado ni postrarse ante el poder económico. Varios compañeros desaparecieron sin que las gestiones realizadas para conocer su suerte hubieran dado resultado alguno. Este furor represivo alcanzo su punto máximo el 29 de diciembre de 1976 cuando fue secuestrado el secretario general Jorge F. Di Pascuale. También con el se agotaron todas las instancias, oficiales y extraoficiales, pero todo fue inútil. Solo se recibió un silencio culpable. Sin embargo, la Asociación de Empleados de Farmacia no ha renunciado a sus convicciones ni ha desertado de la lucha por una sociedad mejor. Hoy sigue reclamando por la aparición con vida de Jorge Di Pascuale y del resto de los compañeros desaparecidos; continuos peleando por las reivindicaciones de los trabajadores, mas legitimas que nunca, convencida que esta practica cotidiana es su mejor contribución al desarrollo de la conciencia social.

La Asociación de Empleados de Farmacia eligió una ideología y una conducta política para hacer pie en la conflictiva realidad de nuestro tiempo. Por la consecuencia y la terquedad con que las ha sostenido en estos años tormentosos, ellas han terminado por conferirle una identidad inconfundible, que la distingue no solo en la vida del gremialismo argentino, sino en los foros internacionales en que actúa. La Asociación tiene una moral política y no quiere ser espectadora de la historia, sino protagonista, porque cree firmemente que el hombre debe ser sujeto de derecho y de libertad, y no objeto de injusticia y de miseria. Sabe también que así como el hombre es el artífice de su destino individual, los pueblos lo son del suyo, por consiguiente del de la Nación que los cobija y los une en su comunión de pasado presente y futuro. En la Argentina, como en todos los piases del mundo, los intereses de los trabajadores coinciden con los de la Nación. Sin temor a equívocos podría afirmarse que donde esta el pueblo esta la Nación y a la reciproca, que donde esta la Nación esta el pueblo. Por lo tanto, no es posible pensar en una nación libre con un pueblo oprimido, ni un pueblo libre con una nación oprimida. Estos aspectos marchan a la par y son los que, en definitiva, explican la posición ideológica y política de la Asociación de Empleados de Farmacia , su adhesión sin reservas al peronismo y su permanente preocupación por profundizar y actualizar sus banderas de justicia social, independencia económica y soberanía política. Todos los hombres que conforman la agrupación saben que a estas banderas ya no esta ligada la suerte de un gran movimiento de masas, sino la de la Nación toda. Si la Asociación eligió este camino no es por una pose ideológica, sino porque pertenece a la clase trabajadora, porque sabe que el único sector social que jamás estuvo corroído por las miserias de la venalidad y la corrupción fueron los trabajadores y que solo a partir de su proyecto histórico se puede construir una sociedad justa, con una equitativa distribución de la riqueza, única forma de erigir una Nación libre, fuerte y orgullosa de su destino, en la que ya no tengan cabida las doctrinas importadas que mientras predicen el liberalismo económico a ultranza, para enriquecer a los capitalistas extranjeros, propugnan el autoritarismo político y cierran los ojos a las peores violaciones de la persona humana hasta negar los principios básicos que deben regir una convivencia civilizada.

Contra esta concepción política antinacional y antidemocrática ha peleado y pelea la Asociación de Empleados de Farmacia en todos los frentes, y así ha llegado a marcar una posición ética, por su conducta y sus ideas, dentro del panorama gremial argentino. Por estas razones, la Asociación de Empleados de Farmacia participo en la fundación de las 62 Organizaciones Peronistas; tuvo la satisfacción de que su secretario general, Jorge Di Pascuale, fuera el diputado nacional mas votado en las elecciones de 1962; trabajo junto a Perón en los difíciles años de su exilio, cuando organizaba la resistencia popular al engaño y la postración económica; tomo parte activa el la CGT. de los Argentinos, oponiéndose con firmeza a la política implementada por el gobierno militar de entonces; tuvo presencia en innumerables agrupaciones peronistas y gremiales que constituyeron, con sus errores y aciertos, intentos validos y legítimos de organización popular contra una política represiva y dilapidadora del futuro argentino, que solo satisfacía las mezquinas pretensiones de los sectores militares encaramados en el poder y de las minorías de siempre, inevitablemente ligadas al negocio de las multinacionales.

Esta consecuente actitud la llevo a enfrentar a los sectores internos del peronismo que no permanecieron fieles a su legado histórico, que prefirieron la comodidad de entenderse con el poder de facto y los agentes del imperialismo a los riesgos que supone la lealtad al proyecto nacional de los trabajadores. Por idénticas razones jamás acepto usufructuar cargos para el provecho personal de sus dirigentes y no ahorro críticas a todos aquellos que se abalanzaron a la función pública no para servir, sino para servirse de su posición privilegiada. Alerto, en su momento, sobre los peligros que amenazaban al último gobierno constitucional, invito más de una vez a enmendar errores, y no se sumo, como otros nucleamientos, al coro que reclamaba el golpe de Estado aparentemente salvador. Cuando este se produjo, el 24 de marzo de 1976, la Asociación de Empleados de Farmacia no renuncio a sus postulados ni a su tradición de lucha. Enfrento al poder militar y económico en todos los terrenos que le permitían sus fuerzas, y trabajo sin descanso por paliar de algún modo la critica situación por la que atravesaban numerosas familias argentinas, que lloraban muertos, desaparecidos o detenidos, que lamentaban desocupados o subocupados, y padecían increíbles sufrimientos por el retraso de la salud publica, la seguridad social y la educación.

Indudablemente pago un alto precio por su actitud combativa, por no doblegarse ante el terrorismo de Estado ni postrarse ante el poder económico. Varios compañeros desaparecieron sin que las gestiones realizadas para conocer su suerte hubieran dado resultado alguno. Este furor represivo alcanzo su punto máximo el 29 de diciembre de 1976 cuando fue secuestrado el secretario general Jorge F. Di Pascuale. También con el se agotaron todas las instancias, oficiales y extraoficiales, pero todo fue inútil. Solo se recibió un silencio culpable. Sin embargo, la Asociación de Empleados de Farmacia no ha renunciado a sus convicciones ni ha desertado de la lucha por una sociedad mejor. Hoy sigue reclamando por la aparición con vida de Jorge Di Pascuale y el resto de los compañeros desaparecidos; continuamos peleando por las reivindicaciones de los trabajadores, mas legitimas que nunca, convencida que esta practica cotidiana es su mejor contribución al desarrollo de la conciencia social.

La Asociación de Empleados de Farmacia eligió una ideología y una conducta política para hacer pie en la conflictiva realidad de nuestro tiempo. Por la consecuencia y la terquedad con que las ha sostenido en estos años tormentosos, ellas han terminado por conferirle una identidad inconfundible, que la distingue no solo en la vida del gremialismo argentino, sino en los foros internacionales en que actúa. La Asociación tiene una moral política y no quiere ser espectadora de la historia, sino protagonista, porque cree firmemente que el hombre debe ser sujeto de derecho y de libertad, y no objeto de injusticia y de miseria. Sabe también que así como el hombre es el artífice de su destino individual, los pueblos lo son del suyo, por consiguiente del de la Nación que los cobija y los une en su comunión de pasado presente y futuro. En la Argentina, como en todos los piases del mundo, los intereses de los trabajadores coinciden con los de la Nación. Sin temor a equívocos podría afirmarse que donde esta el pueblo esta la Nación y a la reciproca, que donde esta la Nación esta el pueblo. Por lo tanto, no es posible pensar en una nación libre con un pueblo oprimido, ni un pueblo libre con una nación oprimida. Estos aspectos marchan a la par y son los que, en definitiva, explican la posición ideológica y política de la Asociación de Empleados de Farmacia, su adhesión sin reservas al peronismo y su permanente preocupación por profundizar y actualizar sus banderas de justicia social, independencia económica y soberanía política. Todos los hombres que conforman la agrupación saben que a estas banderas ya no esta ligada la suerte de un gran movimiento de masas, sino la de la Nación toda.

 

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