|
Desde el punto de vista del movimiento obrero el
período se caracterizó, en un primer momento, por la prevalencia
numérica del sindicalismo "puro", tendencia cuya máxima expansión se
registró entre la gran etapa de declinación del anarquismo y mediados
de la década del '30, en que el control de la mayor parte del
Movimiento Obrero pasó entonces a manos socialistas y comunistas. Esta
última corriente había surgido en 1921, con la escisión del ala
izquierdista del Partido Socialista, como reflejo y consecuencia del
impacto, producido a nivel mundial, por la reciente Revolución Rusa.
El contexto político social en que estas corrientes desarrollaron su
accionar, estuvo signado, en una primera etapa, por la irrupción del
radicalismo, que, tal como lo señaláramos en el punto anterior, a
partir de 1916 permitió ampliar las bases de representación política.
El gobierno de Yrigoyen practicó un nacionalismo de corte popular y
democrático, pero, las contradicciones no resueltas dentro de su
propio partido, en donde gravitaba el cuño oligárquico representado
por el "alvearismo" y el hostigamiento de los conservadores, del
"nacionalismo" oligárquico y aún de las propias fuerzas de izquierda,
que no comprendían este "nacionalismo popular", llevó a que, cuando
asumiera la segunda presidencia (1928), sus días estuvieran
prácticamente contados. El golpe protagonizado por el general Uriburu,
el 6 de setiembre de 1930, representó la intervención directa, por vez
primera, de las fuerzas armadas en el escenario nacional,
interrumpiendo un gobierno surgido de la voluntad popular.
Entre 1930 y 1932 el poder fue pasando del "nacionalismo" oligárquico
(dictadura de Uriburu) a la oligarquía propiamente dicha (dictadura de
Justo). Este período, abierto en 1930 y conocido con el nombre de
"Década Infame", se prolongará hasta 1943, cuando, a partir de otro
levantamiento militar se generará la posibilidad de romper el viejo
esquema en que se hallaba encerrado el país.
La "Década infame" delimitó un ciclo en cuyo transcurso se
materializaron las formas más escandalosas del fraude (que los
conservadores llamaron patriótico) y la entrega del país a los
monopolios extranjeros. Se fundó el Banco Central controlado por la
banca internacional, se entregaron nuestras carnes en forma ruinosa
con el Tratado "Roca - Runciman", que establecía que el 85% de la
cuota exportable de carne argentina sería distribuido por el gobierno
inglés. La interpelación sobre las carnes que se suscitó en el Senado,
mostró el sometimiento de la acción gubernativa a los intereses
concordantes de los grandes ganaderos y el trust frigorífico inglés y
norteamericano: se expropió el transporte colectivo porteño en poder
de pequeños empresarios particulares, pasándolos a manos de los
intereses británicos. Empresas de electricidad, ferrocarriles, flota
mercante, seguros y reaseguros, todo era extranjero.
Por otra parte, este período se inscribió en el marco de la crisis
mundial de 1929. Para esa época, toda la región pampeana se encontraba
en explotación, no quedaban tierras por ocupar y la producción entró
en un "impasse", a la vez, la demanda de productos agropecuarios en el
mercado mundial se vio disminuida por efectos de la crisis; desde
entonces a 1932, las exportaciones, al igual que las importaciones, se
redujeron a la mitad. Argentina perdió, en los años de la crisis, casi
mil millones de dólares anuales, ya que la baja de los productos
agropecuarios en el mercado mundial era mayor que la de los productos
manufacturados. (1)
Los factores que señaláramos, tanto internos como externos,
contribuyeron, pues, a marcar el delineamiento de la economía
agroexportadora e impusieron la necesidad de orientaciones distintas
de la producción. La oligarquía vióse obligada a ahorrar divisas y a
impulsar, contra sus intereses, un limitado desarrollo industrial,
orientado al establecimiento de una industria de tipo manufacturero,
que procediera a la sustitución de lo que antes se importaba,
dedicada, especialmente, a la fabricación de productos de uso final
dependiente de los países altamente desarrollados para la obtención de
maquinarias, equipos y hasta combustibles.
El panorama de la actividad industrial muestra que si durante la
década del '20 el número de establecimientos industriales había
aumentado a razón de 2.800 y de 5.000 entre 1940/1945. En 1935, el 25%
de los establecimientos industriales censados se había fundado después
de 1931. Las ramas que se desarrollaron más rápidamente fueron las
maquinarias, artefactos eléctricos y la de derivados del caucho, casi
inexistentes hasta 1930. Pero las más importantes para la sustitución
de importaciones fueron la textil, la de alimentación y la de bebidas
(2).
Se debe también señalar que a este proceso de desarrollo industrial se
incorporó, desde un primer momento, la inversión extranjera. En 1930,
fundaron filiales Good Year y Pirelli; un año más tarde, Firestone; en
1935, se instaló Phillips y la empresa, de origen alemán, Osram; en
1936, Eveready. Las sucursales de firmas norteamericanas y europeas,
encontraban así "la forma de emplear su capital en máquinas,
funcionarios ejecutivos y técnicos sin trabajar por la depresión en
sus respectivos países, resolviendo sus problemas de estructura
económica".(3)
Por otra parte, este procedimiento permitía a esos capitales,
especialmente a los norteamericanos, no perder su influencia en el
mercado interno argentino, jugando, además un papel orientador en la
producción industrial de acuerdo con sus intereses. En 1935, las
empresas extranjeras representaban el 50% de la producción del país,
el resto correspondía a una multitud de pequeñas y medianas empresas
de capital nacional. Pese a que aún proliferaban pequeños talleres, el
avance de la gran industria era también considerable. Entre 1935 y
1945, la producción industrial se triplicó, mientras que el índice de
la producción agropecuaria no llego a duplicarse. En 1942, la
industria representaba ya un sector de fundamental importancia con el
44,7% del valor de la producción nacional (4).
Sin embargo, este crecimiento industrial, por no responder a un
panorama coherente y deliberado de planificación, dio como resultado
un crecimiento dispar del sector. Por una parte, las industrias de
bienes de consumo se multiplicaron sin orden, las industrias de base
fueron olvidadas o malogrados los intentos de expansión. Por lo tanto,
las formas que adquiría el proceso industrialista: coyuntural,
sustitutivo, con incorporación importante de capital extranjero,
estaba fijando, desde el inicio, los límites de su posterior
desenvolvimiento.
Además se debe también considerar que este desarrollo industrial se
centralizó en la denominada "costa industrial argentina", una franja
de unión de los puertos de Santa Fe y La Plata, concentrando su núcleo
fundamental en el Área Metropolitana (Capital Federal y los 19
partidos conurbanos), contribuyendo a acentuar las desigualdades
regionales en la Argentina. El siguiente cuadro es ilustrativo al
respecto.
(2) - DEL CAMPO, Hugo - "Sindicalismo y Peronismo - Los comienzos
de un vínculo perdurable".CLACSO, Buenos Aires, 1983
(3) - SUAREZ, Carlos - "Apuntes sobre industrialización en la Argentina,
artículos del libro "Estudios sobre la Sociedad y el Estado"(compilador H.
ROUDIL).EUDEBA, Buenos Aires, 1985.
(4) - DEL CAMPO, Hugo - Op. Cit.
|
1914
|
1935
|
1939
|
|
70
|
76,4
|
76,3
|
FUENTE:SUAREZ, CarlosOp. Cit.
El proceso de industrialización estuvo acompañado por
un crecimiento extraordinario de los saldos migratorios, reduciéndose la
inmigración europea, desde 1930, a cifras insignificantes. Las
poblaciones provincianas, tanto de las zonas tradicionalmente
"estancadas" como aquellas que sufrían los efectos de la crisis, se
volcaron hacia los centros urbanos del litoral, principalmente Buenos
Aires y zonas circunvecinas. Se estimaba que, en 1936, el saldo
migratorio se había mantenido en 8.000 anuales, aumentando en forma
rápida en el lapso de los años 1936/1943 a 72.000 anuales (5). Esto
indica, hasta que punto, las migraciones internas habían reemplazado a
las inmigraciones como proveedoras de mano de obra.
La afluencia de cantidad tan grande de población de origen rural o de
pueblos chicos y la incorporación de su mayor parte a la industria,
implicaba una profunda transformación de la clase obrera. Sin tradición
sindical, la mayoría quedó al margen de las organizaciones obreras que,
en general, se mostraron incapaces de atraerlas. Recién después de 1946,
comenzaron a ingresar, masivamente, en los sindicatos. (6).
Las condiciones sociales y laborales en que se desarrollaba la vida de
la clase obrera, no se había modificado mayormente, con relación al
período precedente.
Durante la crisis aumentó la desocupación, retornando, recién en 1934, a
niveles anteriores. Según datos oficiales, el número de desocupados
llegaba, en 1932 a 334.000; de los cuales 264.000 lo estaban en forma
total y 70.000 en forma parcial. Por esa misma fecha, el salario medio
de un obrero industrial descendió a $ 105,50 con relación a los $ 130,-
de 1929 (7).
En 1937, el 59% de las familias obreras de Buenos Aires, vivía en una
sola pieza, habitualmente de conventillo. Eran muchas las que carecían
de las condiciones más elementales: baño exclusivo 62%; agua corriente
38%; cocinas independientes 19% (8).
En cuanto a la jornada de trabajo, fue reduciéndose a lo largo de la
década, gracias a la paulatina imposición del "sábado inglés", de un
promedio de 48 horas semanales, al principio, o uno de 44 al final. En
1935, los obreros se repartían aproximadamente por mitades entre ambos
tipos de jornadas y eran muy pocos los gremios que gozaban de vacaciones
pagas. Aunque la práctica de los convenios colectivos
se fue extendiendo lentamente durante la segunda mitad de la década, la
mayoría de los trabajadores no llegó a gozar de sus beneficios; la falta
de convenios dejaba un amplio margen para la arbitrariedad de los
patrones, ya que, eran ellos quienes fijaban, unilateralmente, en la
mayoría de los casos, las condiciones laborales (9).
Con respecto a la protección y seguridad del trabajador, sólo unos pocos
gremios, como los ferroviarios y municipales, contaban con Cajas de
Jubilaciones y Pensiones; las indemnizaciones por accidentes de trabajo
eran insuficientes y su cobro dificultoso. La Federación de Empleados de
Comercio había logrado la inclusión del derecho a indemnización por
despido y a licencia por enfermedad en la forma del Código de Comercio,
obteniendo su sanción parlamentaria, pero la ley fue vetada por Justo en
1932 y promulgada recién dos años después (10).
En este marco histórico social se abrió para el sindicalismo un nuevo
ciclo. El año 1920 señaló el pico de la organización sindical en el
período; las luchas intestinas atomizaron el movimiento sindical en la
década del '20 y luego de 1930 el clima general de represión y el
impacto de los cambios que experimentó el país, se convirtieron en
obstáculos para el desarrollo sindical.
Desaparecida la preeminencia combativa del
anarquismo, tomó auge la orientación sindicalista reformista y
legalista, la que, al concentrarse en la lucha por las reivindicaciones
inmediatas, fue dejando de lado, paulatinamente, los fines
revolucionarios que postulaba su ideología original, desembocando en un
reformismo que solo se diferenciaba del que practicaban los socialistas,
por le hecho de que, en lugar de fundarse sobre una posición
doctrinaria, emergía de consideraciones puramente pragmáticas. La
ideología del "sindicalismo puro", menos definida y , por lo tanto, mas
flexibles que la de las tendencias rivales, permitiría a sus dirigentes
moverse con mayor holgadura en un medio saturado de discusiones
doctrinarias y de actitudes sectarias, aspirando a encontrar formas mas
prácticas y eficaces de organización y de lucha (11).
En 1922, se llevó a cabo un Congreso de Unificación
Sindical del cual solo estuvo ausente la F.O.R.A. anarquista. De este
Congreso nació la Unión Argentina (U.S.A.), con predominio de los
sindicalistas "puros" y con participación socialista y comunista. Por su
parte, la F.O.R.A. anarquista (F.O.R.A. del V Congreso) , prosiguió sus
actividades, quedando, desde la fundación de la U.S.A., como la única
F.O.R.A.
De la acción de varios sindicatos descontentos con la
política llevada a cabo por las centrales sindicales existentes, surgió,
en 1926, una nueva entidad: la Confederación Obrera Argentina (C.O.A.),
producto de una nueva alianza entre el sector del sindicalismo "puro" y
socialistas. La C.O.A. agrupaba a Sindicatos como la Unión Ferroviaria y
la Federación de Empleados de Comercio, llegando a sumar, en 1930,
130.000 afiliados.
La U.S.A., de tendencia sindicalista, experimentó una
sensible disminución, reduciéndose a unos 15.000 miembros. Por su parte,
los comunistas formaron, en 1929, una pequeña central: el Comité
Nacional de Unidad Sindical Clasista.
(9) - DEL CAMPO, Hugo - Op. Cit.
(10) - DEL CAMPO, Hugo - Op. Cit.
(11) - DEL CAMPO, Hugo - Op. Cit.
El golpe militar de 1930 encontró al sindicalismo
atomizado en cuatro centrales: la U.S.A., la C.O.A., el Comité Nacional
de Unidad Clasista y la F.O.R.A. Esta fue puesta fuera de la ley y sus
fuerzas en la clandestinidad fueron disminuyendo sus efectivos.
"Esta división perjudicaba los intereses de la clase
trabajadora, contribuía a disminuir al aún débil poder de negociación de
los sindicatos y hasta se manifestaba en la pérdida de representación
del socialismo parlamentario, la que quedó reducida a un solo
legislador, en 1930"(12)
Tratando de detener la división del movimientos
obrero, los sectores del sindicalismo "puro" y del socialismo,
impulsaron el proyecto de unificación. Las gestiones, que habían
comenzado en 1928, se concentraron en 1930, a poco tiempo de haber
asumido el gobierno militar, fusionándose la U.S.A. y la C.O.A.; dando
lugar a la creación de la Confederación General del Trabajo (C.G.T.),
con preeminencia de la tendencia sindicalista sobre la socialista.
El programa mínimo planteado en 1931 por la C.G.T., fue expresión de las
principales necesidades y aspiraciones, de la clase obrera para el
período. En estas reivindicaciones se encontraba planteado un cambio
táctico en el accionar del movimiento sindical, introduciendo al factor
gobierno en las relaciones laborales, en una dimensión mucho mas amplia
que la que se había dado hasta ese momento.
"1) Reconociendo los sindicatos. Por el mero hecho de existir, los
sindicatos serán considerados como instituciones de bien público, con facultades para
vigilar la aplicación de la legislación social."
"2) Jornada de trabajo y vacaciones. Ocho horas de trabajo para
adultos en trabajos diurnos y seis en trabajos nocturnos y en las industrias insalubres.
El ciclo semanal será se cinco días como máximo. Vacaciones anuales con goce de
sueldo."
"3) Derecho de vida y seguro social. Salario mínimo fijado
periódicamente por comisiones integradas por representantes de los sindicatos obreros y
de organizaciones patronales de industria o región. Establecimiento del seguro nacional
sobre desocupación, enfermedad, vejez y maternidad."
"4) Intervención obrera. Intervención y contralor de la
organización obrera en diversos organismos del Estado."
"5) Oficinas de colocación. Supresión de las agencias
particulares; las oficinas de colocación serán establecidas por las municipalidades y en
su administración tendrán intervención directa los sindicatos."
"6) Protección a la maternidad. Pensión proporcional al número
de hijos menores de 14 años a toda mujer sin marido y sin recursos."
"7) Defensa de la infancia. Instrucción pública y obligatoria,
laica y gratuita, hasta los 14 años, debiendo el Estado proveer también gratuitamente,
alimentos, vestidos y los útiles necesarios a la enseñanza."
"8) Ley 9.688 (Accidentes de Trabajo). Reforma de la ley en estos
aspectos: las incapacidades se contarán desde que se produce el accidente. Extensión de
la ley a todos los asalariados indistintamente. Aumentar los beneficios de la
indemnización parcial al 100% del salario. Elevar las indemnizaciones máximas a $
15.000,-. Supresión del límite de salario para tener derecho a los beneficios de la ley.
Los seguros por accidentes de trabajo estarán a cargo del Estado."
"9) Estabilidad y escalafón para los trabajadores del Estado y
demás entidades de carácter público."
"10) Carestía de la vida. Fijación de los alquileres rústicos y
urbanos con arreglo al valor; construcción de casas económicas para obreros por cuenta
del Estado y las municipalidades."
"11) Derogación de la Ley 4.144."
FUENTE: DEL CAMPO, Hugo - Op. Cit.
Es también de destacar que, a partir de 1931, el número de
huelgas se redujo al mínimo, comparándolo, sobre todo, con los períodos precedentes y
llegando a los niveles mas bajos en 1934, debido a varios factores: la incidencia de la
desocupación y la represión de que fue objeto el movimiento obrero y el cambio de las
tendencias predominantes: declinación del anarquismo, creciente moderación del
sindicalismo y la consiguiente propensión de no concurrir a la huelga antes de haber
agotado las posibilidades de negación.
AÑO |
HUELGAS |
1930 |
111 |
1931 |
38 |
1932 |
93 |
1933 |
46 |
1934 |
37 |
1935 |
61 |
1936 |
96 |
1937 |
73 |
1938 |
39 |
1939 |
43 |
1940 |
47 |
FUENTE:DEL CAMPO, Hugo - Op. Cit.
PERIODO |
HUELGAS |
1907/1909 |
162 |
1910/1914 |
132 |
1915/1919 |
169 |
1920/1924 |
116 |
1925/1929 |
92 |
1930/1934 |
73 |
1935/1939 |
71 |
FUENTE:DEL CAMPO, Hugo - Op. Cit.
Por otra parte, si bien la restauración
oligárquica abrigaba pocas simpatías por las reivindicaciones obreras,
se mostraba cada vez más inclinada a intervenir en los conflictos
laborales y a controlar el movimiento sindical. La inclinación a
buscar apoyo en el poder político para lograr concretar las
reivindicaciones gremiales, que se había iniciado durante los
gobiernos radicales, no dejó de acentuarse durante esta época, pero,
acompañada por una creciente burocratización de las organizaciones
sindicales; apareció, entonces, una capa de dirigentes para quienes la
vinculación con los factores de poder no era sólo un medio para
obtener mejoras en sus representados, sino también para conservar su
propia posición. El enfrentamiento violento y frontal de los
trabajadores del Estado, pasó a ser cosa del pasado, junto con la
influencia anarquista, la intervención de éste en el campo social, no
sólo fue universalmente aceptada, sino también insistentemente
reclamada (10).
En diciembre de 1935, se produjo una nueva escisión en el movimiento
sindical, que llevó a la fractura de la C.G.T.. La Unión Ferroviaria,
sindicato de orientación socialista y de importante influencia dentro
de la C.G.T. por el peso numérico de sus afiliados, se enfrentó, junto
con otros gremios, a la Junta Ejecutiva de la C.G.T., quedando
concentrada una nueva división sindical, que esta vez asumió, además,
características geográficas. El núcleo, que había realizado un
verdadero "golpe", desconociendo a las autoridades de la C.G.T.,
representadas en la Junta Ejecutiva, se distinguió como C.G.T. calle
Independencia; el otro sector, de orientación sindicalista pura, se
organizó como C.G.T. de la calle Catamarca, retomando, en 1937, el
nombre de Unión Sindical Argentina (U.S.A.)
La mayoría del movimiento obrero, más de doscientos mil afiliados, se
agruparon en la C.G.T. Independencia, convertida luego en la única
C.G.T., orientada por los socialistas que recibieron el apoyo de los
comunistas, quienes pasaron también a integrar la entidad. Estos
últimos, ante el avance del nazismo en Alemania y la consolidación del
fascismo en Italia, se planteaban un cambio táctico en su accionar:
"el frente popular". La teoría frentista establecía la necesidad de
trabajar unidas con otros sectores políticos y gremiales contra las
fuerzas nazi-fascistas.
Por su parte, el sindicalismo "puro", marginado del escenario que
tanto tiempo había dominado, no volvería a jugar un papel relevante
como tendencia. Sin embargo, la herencia que dejaba no era nada
desdeñable: sus constantes esfuerzos por mantener la independencia del
movimiento sindical frente a los partidos políticos, que se había
transformado, de hecho, en abierta hostilidad hacia socialistas y
comunistas, había contribuido a que la inserción de éstos en el
movimiento obrero, sólo se logrará en forma tardía y superficial, y
ello fue uno de los factores que facilitaría la tarea del peronismo.
Por otra parte, muchas de sus actitudes fueron retomadas por
dirigentes de filiación o simpatías socialistas. Finalmente, la idea
de una acción política, basada exclusivamente en las organizaciones
sindicales será la idea encontrada, en 1945, en la base del Partido
Laborista, cuyo Presidente, Luís Gay, fue el último Secretario General
de la U.S.A. (14).
La C.G.T., que había comenzado un lento proceso de fortalecimiento, no
pudo evitar un nuevo enfrentamiento que llevó a una nueva división. El
conflicto surgió en las propias filas socialistas que se dividieron en
dos bandos: uno encabezado por el Secretario General de la C.G.T.,
José Domenech y el otro dirigido por Ángel Borlenghi, Secretario
General de los Empleados de Comercio y Francisco Pérez Leirós,
Secretario General de lo Obreros Municipales.
En marzo de 1943, la C.G.T. quedó dividida en dos entidades: la C.G.T.
N° 1 (Secretario General Domenech) y la C.G.T. N° 2 (Secretario
General Pérez Leirós, con el apoyo comunista).
La Principal diferencia radicaba en que los
integrantes de la C.G.T. N° 2 aspiraban a que la Central tuviera una
participación mas activa en las cuestiones de política nacional e
internacional, en forma coordinada con los partidos políticos,
mientras que la C.G.T. N° 1 sostenía una actitud "neo-sindicalista" de
presidencia política, limitación a las reivindicaciones
específicamente gremiales y buena relación con el gobierno, cualquiera
que éste fuera.
La revolución militar de 1943 encontrará al movimiento
sindical escindido en dos centrales principales (C.G.T. N° 1 y 2), la
U.S.A. y grupos de gremios autónomos de varias fuerzas.
Queda en el haber de este período, el hecho que, a pesar de las
dificultades que el movimiento obrero tuvo que afrontar (desocupación,
represión, divisiones), mostró una tendencia al crecimiento en lo que
a organización sindical se refiere.
(14) DEL CAMPO, Hugo Op. Cit.
|
|
1936 |
1937 |
1939 |
1940 |
1941 |
|
C.G.T.
|
262.630 |
289.393 |
270.320 |
311.076 |
330.581 |
|
U.S.A.
|
25.095 |
32.111 |
26.980 |
23.039 |
14.543 |
|
F.A.C.E.*
|
8.012 |
8.079 |
18.500 |
18.675 |
13.550 |
|
AUTÓNOMOS
|
72.834 |
68.105 |
120.809 |
120.038 |
82.638 |
|
INDEFINIDOS
(sin ninguna tendencia)
|
1.398 |
21.214 |
-- |
-- |
-- |
TOTALES |
369.969
100 |
418.902
113,23 |
436.609
118,01 |
472.609
127,80 |
441.412
119,31 |
|
* Federación de Asociaciones católicas de Empleados (no
desarrollaba actividades propiamente sindicales, sino de carácter exclusivamente mutual y
agrupaba sobre todo a empleados de Comercio y del Estado).
|
FUENTE: D.N.T. - Organización Sindical, Asociaciones
Obreras y Patronales, 1941, Buenos Aires, incluido en DEL CAMPO, Hugo
- Op. Cit.
Por otra parte, la clase obrera que, en cuanto a tal, crecía numéricamente y en
importancia en la estructura productiva, no había encontrado, todavía, una identidad
política que le permitiera unificarse y hacer valer su peso como sector social.
Esta entidad la hallaría recién a través del peronismo, |